El Santo Grial. La más busacada de la reliquias

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RUTA DEL GRIAL DE VALENCIA

JERUSALÉN

1. En el caso de que el cáliz hubiera sido custodiado por Marcos en JERUSALÉN, lo habría legado a Pedro que, como cabeza de la incipiente Iglesia, era el que bía tener el objeto más preciado de la cristiandad.

ROMA

2. El primer pontífice lo traería a ROMA, donde los sucesivos papas lo habrían custodiado hasta que Sixto II, acuciado por la persecución a la que sometía a los cristianos el emperador Valeriano, decidió enviar a su diácono Lorenzo a lugares más alejados para que protegiese reliquias importantísimas, como la cabeza de san Pedro y el Santo Cáliz.

SAN JUAN DE LA PEÑA

3. Al diácono nacido en Huesca le dio tiempo a mandar a su tierra a dos acólitos con los preciados tesoros de la Iglesia. Ambos llegaron a tierras catalanas, donde se refugiaron en una cueva en la que escondieron estos sagrados objetos y sobre la que se construyó el imponente monasterio románico de SAN JUAN DE LA PEÑA.

ALJAFERIA DE ZARAGOZA

4. Las fuentes corroboran que hacia 1399 el rey Martin I de Aragón decidió trasladar el sagrado objeto al palacio de la ALJAFERIA DE ZARAGOZA.

VALENCIA

5. El monarca aragonés Alfonso V el Magnánimo donó el cáliz al reino de VALENCIA en 1424. Estas mismas fuentes señalan que en 1437 se entregó esta copa al Cabildo de la catedral de Santa María de esta ciudad, que lo ha custodiado hasta hoy.

Novedades
EL SANTO GRIAL
La más buscada de las reliquias.

"Del mismo modo, acabada la cena tomó el cáliz y dándote gracias lo bendijo y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre". Marcos 14, 22-25.

El Santo Grial es una de las contadas reliquias del cristianismo que, a día de hoy, es capaz de mover a las masas hacia la ingente cantidad de leyendas, fábulas y toda clase de tramas novelescas tejidas a su alrededor a lo largo de dos milenios, y que actualmente se reeditan sin parar. Este objeto es la copa de la que bebió Cristo, aquella en la que fue recogida la sangre que manaba de su costado en la crucifixión y con la que se instituyó el sacramento más importante de la fe cristiana: la eucaristía. Pero también corren ríos de tinta sobre las connotaciones 'ocultas' del Grial, pues para muchos pudo ser el símbolo de un linaje perdido de Jesús, o la muestra más evidente de que hubo un cristianismo entroncado con la feminidad y los antiguos cultos a la Diosa Madre, cuyo símbolo sería precisamente esta reliquia. Entre tanta profusión de tradiciones, obras antiguas y modernas, interpretaciones y tergiversaciones, cabe un análisis que puede desvelar en gran medida el misterio del Santo Grial.
Pese a la popularidad que tiene este objeto en la actualidad, las leyendas sobre la reliquia no están relacionadas con el primer cristianismo, sino que aparecen en el imaginario colectivo de Europa occidental en la Edad Media, en torno al siglo XII.

Es en este momento cuando Chrétien de Troyes, el autor que dio forma al archiconocido ciclo artúrico, se refiere en uno de sus relatos a un objeto mágico extremadamente poderoso al que denomina Graal. En las narraciones de este autor todavía no se identifica la naturaleza exacta de la copa, ya que lo que interesa es su valor simbólico, profundamente enraizado en la liturgia católica. El protagonista de esta primera leyenda es Perceval, un aspirante a ser nombrado caballero del rey Arturo que llega al castillo del rey Pescador, quien estaba mortalmente herido; para salvarle, Perceval necesita responder a un enigma mientras contempla un sagrado objeto, un grial. Sin embargo, el protagonista fracasa y no consigue curar al custodio de la reliquia, a la cual se le otorgaba el don de la regeneración, y que es descrita como un recipiente en cuyo interior flotaba una oblea similar a una hostia consagrada.

Muchas son las variaciones de esta historia original a partir de 1190, año en el que parece que fue escrita por Chrétien. Así, en otra versión, el protagonista consigue curar al rey Pescador y se lleva la reliquia al cielo, y en algunas se introduce un nuevo personaje principal, Galahad, el hijo del famoso caballero Lanzarote. Sea quien sea el que busque o encuentre la copa, estas leyendas obedecen a un patrón original y tuvieron mucho arraigo en Francia, las islas Británicas, el norte de Italia y el antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, lugar donde se conocía al protagonista con el nombre de Parsifal. Las primeras narraciones del Santo Grial las completaron y matizaron el inglés Robert de Boron y el germano Elfram von Eschenbach, pues convirtieron la obra de Chrétien, que conjugaba conceptos muy profundos del cristianismo con tradiciones paganas de origen céltico o anterior, en un todo reconocible; es decir, le dieron una forma con la que fue reconocido a nivel popular, dando origen a un cuerpo de leyendas coherente y continuado, tanto cronológica como geográficamente. Estos autores y otros posteriores plantearon el origen más remoto de este objeto, que ya se configura claramente como el cáliz utilizado por Jesús en la última cena, relacionándolo, además, con José de Arimatea. Así, este comerciante judío habría recogido la copa, llevándola junto con la lanza de Longinos a Bretaña y levantando allí un templo para guardar las reliquias, dando origen a un linaje y a una orden de custodios. Luego, en tiempos del rey Arturo, la disputa por estos objetos haría recaer una maldición sobre ellos, desapareciendo, hasta que un caballero de espíritu noble, para unos Galahad y para otros Perceval, los encontró.

Parece claro que esta tradición no tiene ninguna veracidad, sino que surge a partir del sincretismo de numerosas leyendas, cristianas y paganas, que encuentran en Europa septentrional y oriental un crisol donde fundirse y complementarse. De este modo, los ecos célticos son evidentes en la obra de Chrétien, y aunque luego fueron matizados por autores ingleses y alemanes, se puede rastrear en sus obras una antigua leyenda irlandesa en la que el dios Bran o Teutatis custodiaba un caldero que revivía a los muertos. Es curioso que en las numerosas representaciones artísticas célticas y en las tradiciones, sobre todo irlandesas, que conducen hasta el pasado pagano de la isla, siempre aparecen ligados este recipiente sagrado y la poderosa lanza del dios Lug. Son dos objetos de un poder extraordinario que, al ser imbricados en la cultura cristiana, se convirtieron en la copa con que celebró Jesús la última cena y en la lanza con la que el soldado romano Longinos atravesó su costado en el momento de la muerte en la cruz.

Los ciclos míticos que plasmaron Chrétien, Boron, Eschenbach y los continuadores de sus sagas debieron recoger parte de las creencias cristianas que ya existían, pero con una dimensión menor, aunque sus historias surgieron en pleno desarrollo de las cruzadas, ensalzando el ideal del ferviente caballero y valores como el tesón, el valor o la fe más allá de toda prueba. Cabe destacarse que, durante los siglos XII y XIII, más de una veintena de cálices reivindicaban ser el usado por Cristo en la institución de la eucaristía; con el tiempo, solamente tres de ellos han permanecido con visos reales de autenticidad, pese a que la Iglesia jamás se haya pronunciado al respecto.
Por un lado, aparece la Sacra Catina de Genova, un pequeño cuenco de piedra que fue llevado a esta ciudad después de la Primera Cruzada en 1099. Se trata de una pieza datada en torno a los inicios del siglo I, por lo que podría tratarse del verdadero cáliz, que habría sido encontrada en la ciudad de Jerusalén por los cruzados cristianos, quienes posteriormente la trasladarían a Europa tras la conquista de la ciudad santa. Por otra parte, se encontró en Antioquía a principios del siglo XX una copa de plata de grandes dimensiones, en las ruinas de la iglesia cristiana. Esta rica copa labrada contiene en su interior otra lisa de plata cuya factura también ha sido fechada en el siglo I. Sin embargo, la más consistente de las tradiciones conduce precisamente a nuestro país, concretamente al cáliz de la catedral de Valencia, objeto de gran devoción acerca del que existe una tradición basada en puntuales reseñas históricas. Según ésta, la última cena no se habría celebrado en la casa de José de Arimatea, como sugerían algunos autores de la Edad Media y como aparece en la obra de Robert de Boron Joseph d'Arimathie, sino que el cenáculo sería parte de la vivienda de algún familiar de Marcos, posiblemente de su madre. En la Biblia no se menciona el objeto con el que Cristo compartió el vino con sus apóstoles, por lo que es complicado saber si fue conservado y cómo se guardó. En el caso de que el cáliz hubiera sido recogido por Marcos, éste lo habría legado a Pedro, quien, como cabeza de la incipiente Iglesia lo habría custodiado, llevándolo posteriormente a Roma. En esta ciudad, los siguientes papas se encargarían de su guarda hasta que Sixto II, acuciado por la persecución a la que sometía a los cristianos el emperador Valeriano, decidió enviar a su diácono Lorenzo a lugares más alejados con el cometido de proteger reliquias importantísimas, como la cabeza de san Pedro y el santo cáliz.

Antes de ser martirizado quemado vivo en una parrilla, al santo oscense le dio tiempo a mandar hacia su tierra a dos acólitos con los preciados tesoros de la Iglesia. En este punto, la leyenda sitúa la copa en diversas localizaciones de todo el Pirineo: en una cueva de Yebra de Basa, en el monasterio de San Pedro de Siresa, en la iglesia de San Adrián de Sásabe, etc. Existen noticias de que el cáliz fue custodiado en el imponente monasterio románico de San Juan de la Peña desde 1071 hasta 1399, momento en que el rey Martín I de Aragón decidió trasladar el sagrado objeto al palacio de la Aljafería de Zaragoza, de donde fue sacado por el monarca aragonés Alfonso V el Magnánimo para donarlo al reino de Valencia en 1424. Las mismas fuentes señalan que en 1437 se entregó la copa al Cabildo de la catedral de Santa María de Valencia, lugar en el que ha sido conservado hasta la actualidad, pese a que tuvo que ser ocultado en dos momentos de la hiatoria: entre 1808 y 1814, durante la invasión francesa, y entre 1936 y 1939, durante la guerra Civil española.

La historia del Santo Cáliz de Valencia puede ser seguida de forma clara desde el Medievo y, aunque antes está recogida por la nebulosa de la tradición oral, parece de las más fiables entre las aventuras de los supuestos griales. Puede que el Santo Grial sea una consecuencia de las leyendas que se tejieron a su alrededor; leyendas precristianas, que más bien tenían que ver con la búsqueda del conocimiento, adoptadas por la Iglesia católica en un momento de especial necesidad de reliquias. O puede que, desde hace casi seis siglos, la copa en la que bebió Jesucristo la noche de su última cena se encuentre a orillas del Mediterráneo, en la ciudad de Valencia. A.L.

Grial de Valencia

  EL SANTO CÁLIZ DE VALENCIA Y OTROS CÁLICES
El Santo Cáliz de Valencia es un pequeño cuenco de ágata, fechado entre el 150 y el 100 a.n.e., que parece fabricado en Alejandría o Antioquía a la vista de otros utensilios semejantes documentados en estos lugares. En cualquier caso, este recipiente se engarzó después sobre un pedestal del mismo material con adornos de oro y piedras preciosas -últimos añadidos-, completando una auténtica joya. La Iglesia no se ha pronunciado respecto a la autenticidad del Santo Cáliz, pero el hecho de que tanto Juan Pablo II como el actual pontífice, Benedicto XVI, hayan oficiado con este cáliz en sus visitas a Valencia, supone un trato de reliquia auténtica. La Sacra Catino de Genova es la más cercana al de Valencia, tanto cronológica como estilísticamente, pero su origen la hace menos verosímil ya que nada es lo que se sabe de este objeto antes de aparecer en dicha ciudad italiana tras la Primera Cruzada, ni tampoco hay noticias que hagan pensar que una reliquia de tanto valor hubiera quedado custodiada en Jerusalén.
El Cáliz de Antioquía, por sus grandes dimensiones y tipología, parece más probable que fuera una jarra para vino y no una copa que habría de pasar de mano en mano.
     

  EL SIMBOLISMO OCULTO DEL GRIAL
En la actualidad han tomado mucha fuerza las dudosas interpretaciones que confieren al Santo Grial un valor simbólico, una forma de denominar al supuesto linaje de Jesucristo y María Magdalena. Estas leyendas surgen a partir de autores de la Baja Edad Media, quienes denominaron a la reliquia como San Gréal, una contracción de 'Sangre Real', por lo que comienzan en este momento a mencionar la supuesta descendencia de Jesús. No obstante, las historias acerca de este significado oculto no dejan de ser meras tabulaciones a partir del apelativo medieval de la copa; apelativo que, en teoría, no aludiría a ningún supuesto linaje, sino a una ramificación de las historias de Robert de Boron en la que el cáliz utilizado en la última cena fue recogido por José de Arimatea, quien lo usaría para recoger la sangre que manaba del costado de Jesús en la cruz tras la lanzada. Tampoco tienen sustento las ideas que hablan del simbolismo femenino del Grial como recipiente y símbolo genital de la mujer, siendo la sangre la muestra del ciclo menstrual. Así, estas hipótesis alejan a la reliquia del sentido último del cáliz como elemento determinante del cristianismo, e intentan entroncar con un culto anterior a divinidades femeninas que poco tiene que ver con la figura de Jesús de Nazaret y los primeros cristianos.

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Año 2008

La revista Memoria la Historia de cerca, en el número XII (septiembre de 2008), ha publicado un artículo griálico: "El Santo Grial. La mas busacada de la reliquias".

LA DONCELLA DEL GRIAL
Dados los antiguos orígenes simbólicos, aunque posteriormente cristianizados, del objeto que hoy en día conocemos como Grial, son muchas las leyendas surgidas en torno a su supuesto poder. En algunos relatos irlandeses aparece en manos de doncellas, como en el de la Doncella del Grial, la cual, con un sorbo bebido de la copa otorgaba la soberanía a aquellos candidatos dignos de ostentarla. De la misma manera, corrientes de todos los tiempos lo han asociado con ritos paganos de fertilidad, ideas que hoy han sido totalmente desvirtuadas por las asociaciones entre diversas interpretaciones que algunos autores han expuesto como verdades incuestionables.
No obstante, en todos los tiempos han sido muchos los artistas que en sus obras de arte han vinculado el Grial con algún personaje femenino, como en esta obra de Wihelm Hauschid, El templo del Santo Grial, inspirada a su vez en la opera de Wagner Lohengrin.

EL CALDERO DE GUNDESTRUP
En el Museo Nacional de Copenhague se custodia el caldero de Gundestrup, una de las joyas arquitectónicas del arte (ateniense y del mundo céltico. Hallado en el pantano que le da nombre, es un recipiente de plata que mide 70 cm. de diámetro y 35 de alto, en el que se representan múltiples escenas mitológicas. La principal corresponde al dios Cernunnos con su cabeza cornuda, una serpiente en una mano y un torque en la otra, pero también aparece el legendario navegante Bran con el caldero que, según los mitos célticos, tenían los Tuatha de Danaan -dioses irlandeses por excelencia- para revivir a los muertos, y que aparece en otras mitologías célticas como la de la Galia. Además, el dios supremo de los celtas irlandeses, Dagda, tenía un caldero inagotable del que comía con voracidad. La rememoración conceptual de estos mitos paganos es evidente en la obra de Chrétien de Troyes, cuyo grial no es una copa utilizada por Cristo, sino un caldero céltico revestido de simbolismos cristianos. A partir de este autor, todos los mitos artúricos del Santo Grial acusan una herencia pagana

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