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Grabado del siglo X que
muestra la entrega del Mandylion al rey
Abgar V.
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El origen del
Mandylion
El Mandylion aparece en el siglo IV
recogida por Eusebio de Cesárea, un
importante autor conocido como el padre
de la Historia de la Iglesia por haber
realizado los primeros relatos sobre el
cristianismo primitivo.
Según cuenta, el rey Abgar V de Edesa,
enterado de los prodigios y milagros que
Jesús había realizado en Galilea, le
escribió aceptándolo como hijo de Dios
y le pidió que fuese a su ciudad para
curarlo de una terrible enfermedad. Abgar
justificaba su petición ofreciendo al
Mesías asilo contra los judíos. Al
parecer. Jesús respondió que, aunque no
podía acudir en persona, cuando hubiese
completado su misión terrenal y hubiese
ascendido a los cielos mandaría a un
discípulo paraque le sanase. Tras la
muerte del Nazareno, Tadeo, uno de sus
discípulos, fue enviado a Edesa portando
una tela que llevaba impresos los rasgos
faciales de Jesús. Según Cesárea, el
rey sanó gracias a las virtudes
milagrosas de la tela.
Esta imagen fue conocida inicialmente
como Tetradyplon y posteriormente como
Mandylion. |
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¿ES
LA SÁBANA SANTA EL SANTO GRIAL?
La Sábana Santa y el
mítico Grial son dos de las reliquias más
famosas de la cristiandad y, probablemente, los
objetos religiosos sobre los que más se ha
discutido en los últimos años. Aunque cientos
de obras de ficción y artículos de
investigación han intentado determinar la
autenticidad o la falsedad de ambos, para la
mayoría de los estudiosos parece haber pasado
desapercibida una cuestión que puede resultar
muy esclarecedora: ¿existe alguna relación
entre ellos?
Texto y fotos: Juan Carlos
Boíza López
La tradición cuenta que la Sábana Santa es el
lienzo que se utilizó para envolver el cuerpo de
Cristo tras su crucifixión. Mateo y Marcos
explican, además, que era propiedad de un hombre
llamado José de Arimatea. ¿Quién era José de
Arimatea? Según los Evangelios, se trataba un
rico e ilustre miembro del Sanedrín, un hombre
valiente que dio la cara ante Pilatos y le pidió
el cuerpo de Jesús para depositarlo en un
sepulcro de su propiedad. Los evángelistas
relatan cómo él y Nicodemo bajaron de la cruz
el cuerpo del ajusticiado, lo ungieron y lo
depositaron en la tumba con sus propias manos.
El Santo Grial no tiene, por su parte, un origen
histórico tan definido; de hecho, no aparece
como tal en ninguno de los Evangelios.
Habitualmente se lo identifica con el vaso
utilizado por Cristo en la Última Cena, que el
propio José de Arimatea utilizó para recoger la
sangre y el agua vertidos en la unción del
cuerpo de Jesús.
Así pues, el Santo Grial y la Sábana Santa no
sólo aparecen ligados al mismo personaje en su
origen, sino que también presentan semejanzas en
su propia esencia, pues ambos objetos adquieren
su carácter sagrado debido a su íntima
relación con la sangre manada del cuerpo de
Cristo durante la Pasión.
EL SANTO GRIAL
El mito del Santo Grial surge con fuerza a
finales del siglo XII y principios del XIII,
principalmente a través de obras escritas en
francés y relacionadas con las leyendas
artúricas. Algunas de las fuentes fundamentales
de la leyenda son el inacabado Perceval o Le
conté de Graal de Chrétien de Troyes, el
Parzival de Wolfram von Eschenbach -que
inspiraría a Wagner su famosa ópera- y otras
obras como los poemas de Robert de Boron o la
colección de historias Galas en prosa de los
Mabinogion.
Aunque la historia varía significativamente de
un autor a otro, todos los relatos comparten unos
elementos comunes. Básicamente, la leyenda del
Grial cuenta el proceso de iniciación de un
joven e ingenuo caballero que se ve envuelto en
la búsqueda de un objeto de propiedades
milagrosas custodiado habitualmente por un grupo
de caballeros rodeados de un aire de misticismo
religioso. Sin embargo, en lo que los relatos no
parecen coincidir es en la descripción del Grial,
al que se atribuyen diversas encarnaciones: una
piedra mágica sobre la que desciende el
Espíritu Santo, un amplio recipiente que porta
una hostia consagrada e, incluso, una bandeja con
una cabeza que exige venganza, según el relato
gales de Peredur.
El primero que vinculó el Santo Grial al
cristianismo fue Robert de Boron, quien en su
poema Joseph d'Arimathea lo identificó por
primera vez con la copa de la Ultima Cena. En
Parzival, Von Eschenbach abundó en esta misma
visión de la reliquia y nos regaló un dato más
al denominar templeisen (templarios) a los
caballeros guardianes del Santo Cáliz. El
alemán Von Eschenbach cita seis veces como
fúente de su magna obra a un trovador llamado
Kyot. Algunos autores identifican a éste con el
trovador Guiot de Provins, personaje muy conocido
que estuvo en la Corte alemana, reclamado por
Federico Barbarroja, y que visitó Tierra Santa,
donde entró en contacto con el Temple. Este
trovador comenzó a escribir en el siglo XIII su
obra Bible, en la que dedica a la Orden un
centenar de versos. Pero no es ésta su única
relación con los monjes guerreros, pues, como su
nombre indica, era oriundo de Provins, que se
encuentra en Champagne, la tierra de los
fundadores de la Orden del Temple Hugo de Payns y
el propio Conde de Champagne. Es más, se sabe
que existió una encomienda templaría en la
propia Provins.
La identificación de los guardianes del Grial
con los caballeros de la Orden del Temple se
convierte a partir de aquí en una constante que
se mantiene en otras obras posteriores. Algunos
autores defienden incluso que fueron los propios
templarios quienes oríginaron la leyenda
argumentando el hecho revelador de que los
pirmeros relatos que mencionan reliquia aparecen
poco tiempo despues de la fundación de la Orden
y en la misma zona geográfica de la que
provienen sus fundadores el Languedoc francés.
LA SÁBANA SANTA Y LOS TEMPLARIOS
A diferencia de lo que ocurre ce el mito del
Grial, el de la Sábana Santa no nace a partir de
relatos mitológicos, sino que contamos con datos
muy fiables que avalan su recorrido histórico.
La Sábana Santa apareció por pi mera vez en
1357 cuando la viuda de un caballero francés de
nombre Geoffroy de Charny la cede a la iglesia de
Lirey para su veneración pública. Su aparición
vio acompañada desde el primer momento por la
polémica y su exposición pública fue prohibida
por el obispo Henri de Poitier En 1389 el obispo
de Troyes, Pirre d'Arcis, llegó a escribir al
papa Clemente VII para denunciar falsedad de la
reliquia. A pesar de todo, el Pontífice siguió
permitiendo su veneración e incluso concedió
indulgencias a quienes peregrinban para ver el
sudario. A partir de aquí, la historia pública
de la reliquia y sus avatares hasta llegar a su
residenc actual en Turín es bien conocida. El
primer lugar, pues, en el que se expone la
Sábana Santa es una iglesia de Lirey, pueblo
francés perteneciente a la diócesis de Troyes
ciudad de la Corte de Champagne de la que a su
vez habían surgido los fundadores del Temple. E1
mismo lugar que vio nacer a Chrétien de Troyes y
a su Perceval, que daría origen a la leyenda di
Grial.
Pero no es sólo esto lo que liga la Sábana
Santa con la Orden del Temple. El propietario del
lienzo, Geoffroy de Charny, cuya viuda se lo
entregó a la iglesia de Lirey, nunca reveló la
procedencia de la reliquia. Este dato, unido a la
coincidencia de su nombre con el de un importante
dirigente de la Orden del Temple, parece sugerir
que el sudario podría ser un legado templario.
No hay que olvidar que la Orden del Temple había
sido disuelta en 1307 y que era considerada
maldita, por lo que confesar la afiliación o la
posesión de bienes pertenecientes a ella habría
supuesto el encarcelamiento e incluso la muerte.
Existen datos históricos anteriores a los
expuestos que han sido más discutidos por los
historiadores, pero que no resultan menos
significativos. La historia más conocida es la
que vincula la leyenda de Edesa a la Sábana
Santa. Según algunos autores, la imagen de Edesa
-también llamada Mandylion- y el sudario son el
mismo objeto. El hecho de que el Mandylion sea
descrito como un retrato del rostro de Cristo y
no como una imagen del cuerpo entero se explica
porque el lienzo siempre estuvo plegado de manera
que sólo mostrara el rostro. De hecho, era
conocido también con el nombre de Tetradyplon,
que significa "doblado cuatro veces".
Parece seguro que el Mandylion pasó de Edesa a
Constantinopla después de que el ejército
bizantino se apoderara de él en una campaña
contra la ciudad y lo llevara solemnemente a
Constantinopla el 16 de agosto del año 944. En
1203 un cruzado llamado Robert de Clari declaró
haber visto en Constantinopla el "sudario en
que nuestro Señor fue envuelto", que,
según dijo, cada viernes era mostrado en
público para su veneración. La ciudad fue
atacada por el ejército cruzado el 12 de abril
de 1204 y la reliquia desapareció durante el
saqueo. Al parecer, fueron los cruzados, entre
los que se encontraba un numeroso grupo de
templarios, los que la robaron. De hecho, existe
una carta de 1205 dirigida al papa Inocencio III
en la que Teodoro Ángel Comneno, nieto de Isaac
II, emperador de Costantinopla, se queja del
saqueo de los cruzados y pide que le sea devuelta
la Sábana Santa. Aunque diversos historiadores
sugieren que la reliquia fue llevada a Europa y
mantenida oculta por la Orden del Temple, la
verdad es que a partir de aquí se pierde su
rastro hasta su aparición en Lirey.
LAS CONEXIONES
En el sur de Francia, en la región de Plomodiern
y junto a la capilla templaría de Sainte-Marie
du Menez-Hom, existe una cruz en el llamado
"Campo de la Cruz Roja". Es la cruz
templaría que se menciona en el libro Los
grandes lugares templarios en Francia, de Julián
Frizot. Este monumento tiene una peculiaridad:
bajo la cruz presenta una imagen del Mandylion.
La sugerente escultura parece enlazar la imagen
de la Sábana Santa (doblada de forma que sólo
muestra el presunto rostro de Jesús, tal y como
se exponía en Edesa) con uno de los mitos
templarios más misteriosos y que más
especulaciones han levantado: el Bafomet.
Cuando la Orden del Temple fue disuelta una de
las acusaciones principales que se esgrimió
contra los caballeros templarios fue que adoraban
a un supuesto ídolo, al que se describe
generalmente como una cabeza con barba (el
Bafomet), que recuerda poderosamente la imagen
del rostro de Cristo impresa en la Sábana Santa.
A este ídolo de origen incierto se le atribuían
características como la sabiduría y el
conocimiento. Para los templarios parecía tener
un sentido divino y se decía que "hacía
florecer los árboles y germinar la tierra".
Resulta interesante señalar aquí la
coincidencia con la leyenda del Grial, del cual
también se afirmaba que su desaparición
provocaba la falta de cosechas, la hambruna y la
guerra. Si, como parece probado, los caballeros
del Temple adoraban al Bafomet, que tenía las
mismas propiedades mágicas y milagrosas que se
atribuían al Santo Grial, y si dicha imagen era
una representación de la Sábana Santa, ¿no
parece lógico suponer que las historias del
Grial y de la Sábana Santa están íntimamente
relacionadas? El Santo Grial y el Bafomet
podrían ser el mismo objeto. De este modo, las
leyendas que atribuyen a los caballeros
templarios la custodia del Santo Grial y los
múltiples datos históricos que apuntan a que
fueron los poseedores de la Sábana Santa
adquieren mayor coherencia.
La leyenda del Grial se muestra así como un
relato mitológico que, basado en cuentos muy
anteriores probablemente de origen celta,
idealiza la historia del Mandylion o Sábana
Santa. Utilizando una historia real como base y
revistiéndola de un carácter mágico y divino,
los autores franceses del siglo XII consiguieron
con ello plasmar el relato más bello que la
historia nos ha legado sobre la búsqueda de la
sabiduría y la iniciación espiritual.
Dirección de contacto: masalla@mcediciones.com
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| Año 2007 |

|
| La revista Mas Alla, en
el número 224/Año XIX (2007), ha publicado un
artículo sobre la relación entre la Sabana
Santa y el Santo Grial, firmado por Juan
Carlos Boíza López.. |
El Nueve ¿El número del
Santo Grial?
Llama la
atención el hecho de que la tradición señale
que los fundadores de la Orden del Temple fueron
nueve, con Hugo de Payns a la cabeza, sobre todo
si se tiene en cuenta que en realidad fueron diez,
contando a Hugo de Champagne. Una cifra que se
repite cuando se afirma que los años que
permanecieron en el Templo de Salomón fueron
también nueve, aunque no todos los historiadores
estén de acuerdo con esta última cifra. En
cualquier caso, puede resultar interesante
fijarnos por un instante en este número, el
nueve, y en su posible significado. Muchos de los
primeros escritos cristianos terminaban con el
número 99 porque la gematría (suma del valor
numérico de los caracteres hebreos) de la
palabra amén coincide con dicha cifra. Nueve son
las "bienaventuranzas" que Jesús
predicó a la muchedumbre en el Sermón de la
Montaña. Jesús murió en la hora novena y nueve
es el cuadrado de tres, que es el número de la
perfección divina y del Espíritu Santo, que
representa la llegada de la sabiduría y el
conocimiento divino al ser humano. El nueve
parece tener en todos estos casos un sentido de
finalidad: el fin de un ciclo que conduce al
renacimiento en un mayor conocimiento y
sabiduría. Si aplicamos este significado
simbólico a la historia de la Orden del Temple
podría estar indicándonos que aquellos nueve
primeros caballeros experimentaron un auténtico
proceso de iniciación durante su estancia en
Jerusalén que los llevó a alcanzar una
revelación y a convertirse en los guardianes de
un nuevo conocimiento y sabiduría.
Finalmente, no deja de ser curioso, cuando menos,
el hecho de que si giramos noventa grados a la
derecha un nueve en números romanos el resultado
sea algo parecido a una copa. ¿Es el nueve el
número del Grial?.
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Si el
Grial y el Bafomet son el mismo objeto, las
leyendas que relacionan a los templarios con el
primero y con la Sábana Santa adquieren mayor
coherencia..
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