
Estatua de la Fe
Iglesia de "la Gran Madre de Dios",
Turin.
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- Louis Charpentier - El Enigma de las
Catedral de Chartres - Plaza & Janes, S.A.. Editores,
Barcelona, 1976. ( Cap. 14, págs143 a 154).
14. EL GRIAL Y LA ALQUIMIA En éstas
estaba, bastante satisfecho, ni que decir tiene, de mis
pequeñas reflexiones geométricas, cuando me di cuenta
de que las «puertas» no se abrían ni mucho- menos.
Había adquirido la certeza de que el maestro de obras de
Chartres no erigió su catedral según una inspiración
personal, sino en aplicación de datos tradicionales que
podían muy bien ser más que «de oficio».
Sin embargo, la estrella, al igual que las tres tablas,
debía corresponder a una necesidad utilitaria. Pese a lo
que hayan podido pensar de ella los románticos, la gran
época de las catedrales ignoraba el Arte por el Arte. Si
había símbolo, era menester que ese símbolo fuese
utilitario... y activo.
Tres tablas, dice la tradición, portaron el Grial.
¿Qué era, pues, el Grial? Aparece, para nosotros, en el
refrito cristiano de las Novelas de la Tabla redonda. Se
trata de un vaso que, a la vez, sirvió a Jesús Cristo
cuando la Cena y fue utilizado, después, por José de
Arimatea para recoger la sangre de Cristo cuando la
crucifixión. Se trata, pues, de un vaso que contenía la
sangre divina, directamente recogida o transmutada (Bebed,
Esto es mi sangre...).
La búsqueda de los Caballeros de la Tabla Redonda (y he
aquí otra tabla) es la de ese vaso guardado, cuenta la
leyenda, en el Castillo Aventurado del Rey pescador (estamos
en la Era de Piscis).
El origen del Grial no es con seguridad céltico. Puede
muy bien ser anterior. Creo que ese vocablo deriva de la
raíz «Car» o «Gar», que tiene el significado de
«piedra». El Gar-Al o Gar-El, pudiera ser el vaso que
contiene la piedra, o el vaso de piedra (Gar-AI), o la
Piedra de Dios (Gar-El). Ambas etimologías son, por lo
demás, muy similares. En el primer caso, se trataría
del vaso en el que se hace la «Piedra»; en el segundo,
sería cuestión de la «Piedra» misma. Es indudable que
el símbolo es el alquímico. No se puede, en efecto,
separar la palabra Grial de la de «Caldero».
En tiempos del celtismo primitivo, era el caldero (Caldron)
de Lug donde, sobre un fuego muy particular, se cocían
las «medicinas universales». Por otra parte, el rey
Gradlon nos indica, por su nombre, que se trataba de un
«guardián del Grial» en su ciudad de Is, que las olas
sumergieron cuando su hija Mahu, cristiana, destruyó los
menhires de fijación de los suelos.
Grial es un vocablo céltico, pero, con otros nombres, la
leyenda del vaso sagrado se encuentra en otros lugares y
tiempos.

Un maestro de
obras ha marcado la elevación vertical de «líneas»
horizontales -capiteles de los pilares, cordón e la base
del triforio, cordón en la base de las ventanas base de
la bóveda- que es escalonan en progresión musical. (Foto
Jean Roubier.)

Un rey músico.
Este personaje lleva, además de su lira, un matraz que
precisa su carácter alquimista; precisión reforzada por
las dos figuras reunidas bajo el mismo velo, a sus pies.
Dovelajes del portal central. (Foto Jean Roubier.)

Nuestra Señora de
la Bella Vidriera, vitral M siglo XII que repite el tema
de la Virgen Negra de la cripta. (Archives
Photographiques.)

San Jorge y san
Teodoro, guardianes de la Puerta de los Caballeros (pórtico
Sur). Obsérvese la posición de los pies en escuadra. (Foto
Jean Roubier.) Melquisedec es representado en el pórtico
de Chartres -pórtico Norte, llamado de los Iniciados-
portando la copa que entregó a Abraham y de la que asoma
la Piedra.
Cada templo griego tenía su «crátera» (de Teras:
maravilloso, o Theos: divino, con, también ese radical:
«Cra ... » «Car»). Con el nombre que sea, designa,
constantemente, un vaso cuyo contenido se diviniza; está
penetrado por la Divinidad; está, por tanto, transmutado.
Se halla una bellísima ilustración, cristiana, de ese
hecho en el entrepaño de la iglesia de Saint-Loup-de-Naud,
cerca de Provins. En ese entrepaño está representado
san Loup sosteniendo el cáliz en el cual se materializa
una esmeralda que aporta un ángel. El símbolo no puede
ser más claro. Se trata de alquimia.
La alquimia, como sabemos, es el arte -y la ciencia- de
recoger, fijar y concentrar la corriente vital que
impregna los mundos y es responsable de toda vida. La
concentración que logran obtener los Adeptos, y que
fijan sobre un soporte, es lo que se denomina la Piedra
filosofal. Esa piedra, por su concentración, actúa muy
fuertemente y permite al Adepto realizar, sobre todas las
cosas, una evolución que exigiría largos siglos, si no
milenios, a la Naturaleza para consumarla; principalmente
-y éste es el test de la piedratrocando en plata u oro
los metales viles.
Admitamos ahora que la «forma» como el hombre será
puesto en un estado receptivo pueda obrar sobre el
sentido de su «mutación».
Y he aquí el símbolo de las tres tablas fácilmente
explicado, aunque de forma muy sumaria y casi
esquemática. Al tornarse el hombre, en cierto modo,
«vaso», el.«Grial» y su contenido, se le ofrecen tres
vías de acceso a la «mutación», que son representadas
y condicionadas por las tres tablas: la tabla redonda. la
tabla cuadrada y la tabla rectangular, o, para expresarme
de forma menos alegórica: la Intuición, la Inteligencia
y la Mística. Huelga decir que se trata ahí de tres
manifestaciones evidentes, pero no aprehensibles por los
sentidos, de la personalidad humana.
¿Qué relaciones existen entre esas tres facultades y
las, tablas, redondas, cuadradas y rectangulares?.
La tabla redonda se manifestó muy pronto en la historia
dé la Humanidad. Los Crómlechs y los Ronds-de-Fées (
Redondeles de Hadas ) son tablas redondas. Se la
encuentra en la representación de la cruz céltica que
está rodeada por un círculo. Utilitariámente, y dado
que siempre se encuentra situada sobre ciertas
emergencias de corrientes telúricas, aparece como una
pista de danzas rituales que se efectuaban en rondas y
que eran un medio de acorde con los ritmos naturales.
Por lo que parece, la ronda, comenzada en los límites
del círculo más alejado del centro, debía, para
algunos, acercarse poco a poco a ese centro, a medida que
los ritmos penetraban al hombre y le liberaban de una
engorrosa personalidad.
En algunos Ronds-de-Fées que fueron pistas de danzas, se
ven tres pistas concéntricas. Parece probable que, para
el danzante llegado a una especie de delirio sagrado, la
danza debía terminar por un giro en el centro.
En cierto modo, el danzante remontaba los cielos
naturales hasta su origen, donde, más inconsciente que
conscientemente, podía ponerse en contacto directo con
dicho origen. Podemos ir más lejos aún. El hombre que
gira se evade del espacio. Pero evadirse del espacio es,
igualmente, evadirse fuera del tiempo.
¿Puede uno preguntarse hasta qué punto el hombre que
gira en ciertas condiciones se torna visionario? Pienso
en los dones proféticos de las druidesas que se
manifestaban en una .especie de delirio durante la danza;
pienso en David danzando ante el Arca y profetizando;
pienso en los derviches girando. Y acordémonos de que
las rondas en la catedral de Chartres eran acostumbradas
en tiempo pascual, y conducidas por el propio obispo.
Algunos han pretendido ver ahí como una representación
del movimiento de los astros. ¡Es una explicación harto
intelectual para una actividad totalmente física! Se
trataba, mucho más sencillamente, de la búsqueda de un
estado similar al de los médiums, que permite una
incorporación en los ritmos naturales. La tabla redonda
estaba representada, ante el Templo de Salomón, por el
Mar de Bronce que contenía agua y cuyas proporciones
definidas estaban en relación con el peso de la Tierra,
según el abate Moreux. Los Templarios -y no sólo ellos-
hicieron de la tabla redonda el centro de sus iglesias. Y
en ese centro colocaban el altar. La tabla cuadrada
requiere, para ser explicada, más sutileza.
Es la «cuadratura» de la mesa redonda. Debe permitir el
paso a lo consciente de los conocimientos instintivos; es
una tabla de iniciación intelectual. Su representación
más frecuente es el damero; es, asimismo, la primitiva
marelle convertida en juego de niños, pero que,
originariamente, era tabla de ábacos, tabla de trabajo,
tabla de Números. Es también la tabla de Pitágoras,
que no es solamente una tabla de multiplicación.
El símbolo más «explícito» de esa tabla es,
naturalmente, el tablero de ajedrez, que sólo pueden
recorrer en todos sentidos la Reina y el Caballo.
Observaremos que el juego del Caballo utiliza el círculo
en el cuadrado, en tanto que Torres y Alfiles quedan
reducidos a no salirse de sus verticales o diagonales. La
indicación es inapreciable.
No se puede pasear en los Números por la única virtud
del cerebro (solamente en las cifras), como tampoco no se
hace música adicionando notas. Ello requiere una
iniciación, por lo menos instintiva, a las leyes de la
armonía, a las leyes naturales. Es una tabla-trampa en
cuyo recorrido el intelecto, entregado a sí mismo, se
ilusiona sobre sus, propias creaciones y se encuentra tan
«atrapado» en sus ilusiones como el Alfil o la Torre en
sus líneas.
Realizar la cuadratura del círculo es transformar la
iniciación instintiva en iniciación consciente,
razonada, activa. Si me es permitido llevar más lejos el
análisis, diré que la tabla cuadrada no es una tabla de
vida, sino una tabla de organización; si bien supone un
conocimiento real de la materia.
Según los antiguos, la mejor organización posible de la
sociedad estaba construida sobre ese esquema cuadrado que
dividía a los hombres en categorías, que más bien eran
castas: el Campesino que nutre, el Soldado que defiende,
el Artesano que transforma y el Comerciante que
distribuye; los escalones, en cada casta, formaban la
pirámide de tres pisos: aprendiz, operario y maestro que
culmina, en la cima, en la Aristocracia, la verdadera, la
del Sabio en su casta.
La tabla cuadrada se encuentra en la pirámide, en el
sancta sanctórum del Templo de Jerusalén; y quizá sea
la base de las construcciones templarías, pues la orden
militar utilizaba mucho el plano cuadrado en sus
encomiendas o fortalezas; unido a menudo, por lo demás,
a una iglesia en rotonda.
La tabla rectangular es una tabla mística una tabla de
revelación. No tiene explicación ni siguiera similitud
intelectual posible. Es la Tabla de la Cena, la Tabla del
Sacrificio de Dios.
Eso es lo que puede decirse sobre el Grial 3 las tablas.
No es de extrañar que se presenten. en el orden donde
las hemos situado a partir del pórtico real, aquel que
custodian reyes y reinas que ya no tienen nombre. Su
sucesión corresponde exactamente a los tres nacimientos
simbólicamente realizados en la senda cubierta
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