Joss Whedon negaba ser el nuevo George Lucas en la rueda de prensa tras el pase
de Serenity (2005) en la jornada inaugural del Festival de Sitges. No puede
hacer otra cosa que rechazar con modestia la etiqueta, pero el público y su cine
dicen justamente lo contrario. Serenity me parece una renovación muy importante
dentro del género de aventuras espaciales. Nada mal para su debut en pantalla grande.
La película empieza con un breve prólogo --brevísimo en verdad-- que trata de
enlazar la historia desarrollada en la serie de televisión (que es de donde
provienen los personajes y el argumento general) para sumergirnos a continuación --a
través de un impecable plano secuencia que abarca los créditos del filme y
presenta de paso el decorado general de la nave protagonista con sus tripulantes-- en
una exhibición de acción trepidante. Hacía tiempo que un comienzo así no me dejaba
clavado en la butaca y con la boca abierta.
Serenity bebe de muchas fuentes para obtener el producto y el efecto deseados: de
la saga de Lucas toma la ciudad de Tatoonie con sus tabernas llenas de extrañas y
peligrosas criaturas; del western más clásico determinados tipos humanos y ciertos
detalles de ambientación en plan homenaje, como el colt-laser del capitán Mal,
el protagonista. En este personaje también es fácil reconocer rasgos del último Han
Solo, con una apariencia cínica externa y con un sentido del deber y la justicia
bien afianzados. El resultado de toda esta mezcla es el retrato de un mundo
hipertecnificado paradójicamente habitado por humanos que no han evolucionado
nada en sus pasiones respecto a nosotros: los sentimientos fraternos siguen actuando
como motivación básica, la reproducción se sigue practicando a la antigua y seguimos
sin atrevernos a expresar abiertamente nuestros sentimientos... Será que necesitamos
esta envoltura de acción y efectos digitales para seguir disfrutando con las mismas
historias de siempre.
Pero sin duda la mejor aportación de Serenity, en la que rompe con la línea
trascendental de Blade runner (1982) y se decanta por la más banal y
proletaria de Aliens (1986), es el empeño de Whedon por huir de toda trascendencia
temática. Asume que las películas de este tipo se apoyan en argumentos con verdades
absolutas e intuidas acerca del Universo o el Ser Humano, pero es la combinación de
acción y efectos digitales la que impacta definitivamente en el espectador. La
aventura lo preside todo, y aunque un cierto toque de filosofía ayuda no se trata
de descubrir la esencia de nada. A esta labor contribuyen sin duda algunas líneas
de diálogo brillantes, como la declaración al límite del hermano de River y la
mecánico de la nave, quienes ante una casi segura muerte se declaran su... atracción
sexual mutua; o el original gag que precede a los créditos finales. Lo bueno de
Serenity --y donde puede resultar un filme determinante para futuros títulos-- es
que al manejar con soltura una ya importante tradición de efectos digitales se
puede permitir acercarse al estilo desenfadado del mejor comic.
Siempre he creido que Psicosis (1960) era la última película de la historia
del cine que inauguraba un género completamente nuevo; si a alguien le parece
exagerada la afirmación podría rebajarla y decir que abre un subgénero que con
los años ha acabado siendo muy popular: el thriller moderno. Pienso que
deberé replantearme la hipótesis y aceptar que un título posterior --La guerra de
las galaxias (1977)-- habría fundado también un subgénero, esta vez dentro
de la ciencia ficción. Está claro que el reciente estreno de la segunda trilogía
de Lucas ha contribuido a mitificarla, pero de lo que no me cabe duda es que
Serenity transita por la misma vía y amplía lo que en los setenta del siglo
XX era tan sólo una brecha y hoy es una tendencia y un estilo a los que se aspira a llegar.