Sesión discontinua
PARADOJAS DEL TIEMPO Y DE LA COMPRENSIÓN
PRIMER Shane Carruth
ThinkFilm Inc.; 2004
78 minutos
Antes de comenzar a escribir esto confieso que le he preguntado al
doctor Google acerca de las paradojas de los viajes en el tiempo, y éste
me ha remitido a la Wikipedia, donde he acabado de hacerme un lío, a pesar de
lo bien redactada que está la entrada correspondiente. Y es que después
de ver Primer (2004) me asaltó la sensación de que había dejado pasar
prácticamente todos los detalles importantes de la historia; no sé si
por lo deliberadamente ambigua y escasa de pistas con que está contada o
porque realmente no me enteré de la mitad de las cosas.
La crítica profesional ha saludado este primer filme de Carruth como una
obra maestra, y la verdad es que en ciertos momentos a mí me recordaba a
Sangre fácil (1984), el lejano debut de los hermanos Coen, por su mirada
nueva y desapasionada sobre personajes y hechos, su juego renovador de
géneros, su flagrante amateurismo y, sobre todo, por las maneras
cinematográficas que prometían sus respectivos autores. A mí la verdad
es que más que obra maestra Primer me parece un prometedor comienzo por
lo que supone de declaración de intenciones, de proyecto orientado a la
experimentación narrativa.
Primer propone básicamente un apunte, la intuición de que algo que parece
imposible --viajar en el tiempo, más bien estirarlo como si fuera elástico--
se ha convertido en realidad de manera fortuita; pero del mismo modo que
sus protagonistas nunca aluden a este suceso de forma directa, ni la
cámara ni la narración se ocupan de ofrecer los datos que la acción --más
bien agotadora verborrea-- nos escamotea. En este sentido, Carruth se
apunta claramente a la línea experimental que hace poco encontraba una
de sus cimas parciales en Memento (2000): igual que en el filme de Christopher
Nolan, la simbiosis entre historia y narración es tan perfecta y ambas
se entremezclan hasta tal punto que es imposible concebir una forma de
contar como la que exhiben ambos filmes si no es con el soporte
argumental que las hace realidad y viceversa. Ha llegado un punto en que la experimentación
cinematográfica se ha hecho tan compleja que sólo puede avanzar si la
trama lo permite, como si de una singularidad física o de una conjunción
planetaria se tratase.
La improvisación y la falta de medios en el rodaje son ostensibles, pero
sin embargo esto es algo que beneficia a la historia, haciendo que se
desenvuelva de forma ágil, sin apenas dejar respiros al espectador. Y
sobretodo ese diálogo permanente entre los dos protagonistas, encadenando una
escena tras otra, hablando sin parar de ese algo que se intuye y que
nunca se llega a nombrar, supliendo así de alguna manera la imposibilidad física
de mostrar determinadas paradojas. Quizá ese sea el principal mérito
que ha visto la crítica, el suspense eternamente diferido que no se resuelve
nunca, excepto en una breve secuencia final que tampoco parece estar a
la altura de tantas expectativas.