Sesión discontinua
LA GENERACIÓN ERASMUS YA TIENE SU(S) PELÍCULA(S)



LAS MUÑECAS RUSAS
Cédric Klapisch
Lunar Films, Studio Canal, France 2 (FR 2), Canal+, Ce Qui Me Meut Motion Pictures; 2005
125 minutos

Aviso: lo primero que he hecho después de ver Las muñecas rusas (2005) ha sido coger en DVD Una casa de locos (2002). Pero no porque sin ella haya cosas que no se comprendan de la primera, sino porque estaba deseando conocer de dónde venía el estado de cosas y sentimientos que me he encontrado en ella. Ahora entiendo lo que encuentran los extranjeros que se mean en nuestras calles de madrugada tanto como adoro los impecables títulos de crédito del primer filme. Estos dos títulos han hecho tanto o más que la Champions League por la identidad europea.

En esta segunda parte Cédric Klapisch expone las incertidumbres sentimentales que acometen a este grupo de jóvenes europeos que se conocieron en Barcelona gracias a una beca Erasmus. Ahora están a punto de ingresar en la treintena, una década en la que se supone que uno entra con compromiso de pareja, trabajo estable y un proyecto vital bien definido. En el caso de Xavier --el protagonista de ambos filmes-- y sus compañeros no es así: la desorientación a todos los niveles parece ser la norma. Probablemente debido al aceleramiento general que sufren todos los aspectos de la vida, las crisis y las encrucijadas se adelantan en el tiempo, de modo que estos jóvenes se encuentran en situaciones semejantes a las que se podrían encontrar sus padres pero con 15 años de adelanto.

En Las muñecas rusas Xavier repasa el último año de su vida tratando de engarzar una historia que le sirva para dar forma a su eternamente diferida novela: encerrado en el lavabo de un tren que le lleva a un destino que sólo al final conoceremos trata de poner en orden los sucesos que le han llevado a estar donde está. El interés de la película aumenta a medida que vamos conociendo más detalles de la vida de estos chicos, y en esa labor no es ajena la habilidad del director, especialmente en las secuencias de montaje que aceleran la acción o la fragmentan de forma original.

Otro argumento favorable de la película es esa manera tan verosímil como previsible de terminarla, reforzando su valor como retrato de una realidad social: cuanto más se acerca uno/a a la treintena aumentan exponencialmente las posibilidades de emparejarse con alguien de su grupo de amigos/as de la veintena. Al fin y al cabo, en ese núcleo de amistades siempre hay alguien que en el pasado te haya atraído, incluso con quien hayas tenido una relación; y cuando aprieta la angustia de la soledad es obvio que uno/a tire de lo conocido. Las muñecas rusas --como el mismo Xavier tiene que escuchar en un momento dado-- no tiene miedo de los clichés; éstos no tienen que ser siempre negativos. Pero ese malestar y esa estrategia no son propias del momento, al contrario: la presión por emparejarse nos atacará recursivamente a lo largo de nuestra vida cada vez que nos encontremos de nuevo en soledad. Es curioso, pero cada edad parece tener un cineasta especializado: Woody Allen es el cronista de la cuarentena/cincuentena masculina, Reality bites (1994) de Ben Stiller se ocupaba de la crisis de la veintena de los jovencitos pijos californianos; ahora Klapisch cubre el hueco que quedaba en medio y ofrece a toda una generación de jóvenes estudiantes europeos una película en la que podrán admirar con nostalgia su juventud.




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