Sesión discontinua
DEVASTADORA MADUREZ



MATCH POINT
Woody Allen
British Broadcasting Corporation (BBC), Magic Hour Media, Thema Production, Invicta Capital Ltd., BBC Films; 2005
124 minutos

Alfred Hitchcock tenía su tema: el inocente acusado injustamente que debía demostrar su inocencia. Woody Allen tiene muchos temas que la crítica suele denominar "sus obsesiones", y en Match point (2005) surge de nuevo el de la esquizofrenia de la relación extramatrimonial. No es un demérito repetir una y otra vez un argumento, y al igual que las dos versiones de El hombre que sabía demasiado (1934 y 1956) son lo suficientemente diferentes como para tener encanto por sí solas, esta nueva versión del conflicto que describía Delitos y faltas (1989) demuestra que el tiempo da para reflexionar y madurar nuestros respectivos fantasmas interiores.

En primer lugar, me sorprende que la crítica no haya señalado el calco casi exacto que supone la historia de Nola (Scarlett Johansson) y Chris (Jonathan Rhys-Meyers) con la de Martin Landau y Anjelica Huston en Delitos y faltas. Las situaciones, los sentimientos y el desenlace son los mismos, sólo que esta vez el factor sexual y la violencia son mucho más explícitos. La declaración inicial de la película (Aquél que dijo: "prefiero tener suerte a tener talento" conocía la vida en profundidad) da la medida de la lucidez analítica con que se disecciona la actitud egoísta de Chris, quien trata de mantener su ardiente relación con Nola sin renunciar al ambiente privilegiado al que le vincula su matrimonio con Chloe.

El desenlace --doblemente inesperado por las consecuencias que implica-- demuestra que la idea que tiene Allen de este mundo no ha variado en lo más profundo: por debajo de la comedia y de los argumentos más o menos graciosos transcurre una lucidez de efectos devastadores: su idea desencantada del ser humano y su convencimiento absoluto acerca de la naturaleza irreversible del mal. No es que Delitos y faltas fuera una película fallida, pero en Match point el retrato se presenta completo, sin sobreentendidos, omisiones ni elegantes elipses.

No puedo dejar de señalar el morbo impresionante que desprende Scarlett Johansson en esta película: su primer encuentro con Chris destaca por la sensualidad buscada de los primeros planos, de la luz, de su vestuario, de sus estudiadas réplicas. Nola es el retrato de esas mujeres de desbordante sensualidad que son víctimas de los hombres que se obsesionan con ellas; mujeres fatales para sí mismas en realidad; de carácter inestable, producto de los vaivenes sentimentales, el deseo que despiertan es la causa que al final provoca que los hombres las desplacen y apuesten por relaciones convencionales y provechosas. Lo hemos visto demasiadas veces.

En mi doble condición de hombre y de rendido fan de Scarlett, afirmo que si Allen tuviera quince años menos esta mujer se hubiera convertido sin duda en su tercera musa, al estilo de Diane Keaton y Mia Farrow. De momento el director ha vuelto a contar con ella para su siguiente proyecto: una joven estudiante londinense que se enamora de un aristócrata. De nuevo la irrupción de una personalidad perturbadora en un ambiente donde todo está condicionado por la tradición y las apariencias. Quizá ese sea otro de los temas de Allen: un oculto deseo de vida que cortocircuite este nuestro desierto programado.




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