EL LABERINTO DEL FAUNO
Guillermo del Toro
Warner Bros. Pictures, Tequila Gang, Esperanto
Filmoj, Estudios Picasso, OMM, Sententia Entertainment, Telecinco; 2006
119 minutos
No es que esté de moda la mezcla de géneros, es que
ésta forma parte del constante esfuerzo de actualización llevado a cabo por el
cine más reciente y experimental: se retuercen tanto en su fusión que uno puede
pensar que están a punto de brotar nuevas categorías mejoradas y hasta inéditas.
Pero no, resulta que cada aportación desde un género dado permanece inalterada,
incapaz de dejar vislumbrar algo medianamente nuevo. Ahí tenemos esas historias
entre góticas y gore de guerras de vampiros, o esas sagas siderales con toque de
comedia popular, o esos cómics juveniles que rozan temas trascendentes. El
laberinto del fauno (2006) es una víctima más de esta labor: bajo la excusa de
recrear un universo de ensoñaciones infantiles nos proporciona un recital de
casquería banal en versión usuario semiavanzado, y de paso una incursión en los
primeros tiempos del franquismo sin que realmente uno salga con la sensación de
que de ahí se podía sacar algo original.
Para empezar, diré que el asesinato a sangre fría, al final de la
película, de la niña protagonista me parece gratuito y excesivo por la violencia
directa y sin tapujos que entraña, un intento patético de sacudir a una
audiencia que --desde luego ese es mi caso-- asiste con frialdad al desarrollo
de la historia. No me importa revelar aspectos cruciales del argumento porque sé
que los auténticos fans de Guillermo del Toro han pasado ya por taquilla, así
que mi advertencia quizá sirva a los indecisos de última hora: es perfectamente
posible ahorrársela.
Admiro la meteórica carrera del
director mexicano, que con un par de títulos interesantes ha sido capaz de
colocarse como un valor estable en la difícil industria del Hollywood más
comercial --se encargó de Blade 2 (2002), que dicen los expertos es la mejor de
todas--, pero a la vez me desconcierta la carga de matices que sin duda quiere
introducir en una trama que alterna realidad histórica con fantasía infantil. Si
al final ambas líneas coincidieran, o se complementaran más explícitamente, o
revelaran ciertas paradojas al uso, pues entendería ciertas elecciones y giros
del guión; pero no es así. Cada personaje va por su lado, ceñido al arquetipo
que representa (la madre débil, el militar fascista y sádico, la niña sensible,
el ama amable, el rebelde íntegro); y luego los fragmentos ambientados en el
mundo del fauno por el suyo. Para eso bastaba con situar el argumento en la
típica urbanización de adosados y que la niña descubriera la puerta mágica en el
descampado de una nueva fase aún por construir, y que resultara que antes había
un cementerio (ah no, que eso ya lo vimos en otra película); y así nos ahorramos
esa incursión en la guerra civil que (voy a ser pedante) contiene importantes
fallos de ambientación.
Si El
laberinto del fauno pretende mostrar las capacidades de su director para un cine
personal, yo me quedo con el ritmo de Cronos (1993), Mimic (1997) y hasta con
Blade 2.