Sesión discontinua
OTROS MUNDOS EN ESTE CINE



EL CASTILLO AMBULANTE
Hayao Miyazaki
Dentsu Music And Entertainment Inc., Mitsubishi Corporation, NTV, Nippon Television Network, Studio Ghibli, Tohokushinsha Film Corp., Tokuma Shoten; 2004
119 minutos

No es lo que cuenta, no es cómo lo cuenta, es el hecho mismo de contar. El cine de Hayao Miyazaki, aunque suene a topicazo, destaca por la imaginación con que retrata personajes y paisajes. El castillo ambulante (2004) no es una excepción, sin necesidad de marcar la diferencia con sus filmes anteriores. Si se repasan con atención sus últimos títulos, se comprueba que los argumentos no resultan especialmente originales, más bien tiran hacia lo pastel, con historias sobre el poder redentor del amor (en esto tampoco es una excepción), la preocupación por la naturaleza y la paz como forma suprema de organización social. No es nada de todo eso.

Lo verdaderamente importante en una película de Miyazaki es asistir a una sucesión de escenas en los que la lógica cinematográfica habitual ha sido barrida de un plumazo. Lo que encandila en El castillo ambulante, igual que en La princesa Mononoke (1997) y en El viaje de Chihiro (2001), es la arquitectura imposible de edificios e ingenios mecánicos, así como las transformaciones físicas de los personajes en función de su estado de ánimo (los casos de Sophie, la protagonista, y la Bruja del Páramo son ejemplos perfectos). En el cine de Miyazaki el argumento avanza de forma errática, sin dar al espectador la posibilidad de adelantarse, aunque sea parcialmente (como hace el cine occidental), pero no lo echamos de menos porque estamos con la boca abierta entrando y saliendo de túneles que se abren tras las puertas de cualquier habitación, o hundiéndonos en atmósferas de textura gelatinosa que nos desplazan por el tiempo, o cambiando de lugar con el simple girar de una rueda de colores.

Da igual que sólo al final la historia se pueda reconstruir y adquiera un cierto sentido, lo importante es que hemos estado clavados en la butaca como con las películas de la infancia, pendientes de "lo que va a pasar luego", y comprobando que tanto los adultos como los niños entramos sin problemas en estas películas de lógica discretamente escamoteada por la imaginación.




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