Sesión discontinua
EL TERRITORIO DEL CINE


François Truffaut escribió una vez que durante su etapa de crítico de cine estaba persuadido de que para estar lograda una película debía expresar a la vez una idea del mundo y una idea del cine. Pero fueron el tiempo y la experiencia quienes hicieron que acabara prefiriendo aquellos títulos que expresaran la alegría o la angustia de hacer cine. Comprendió finalmente que los requisitos de universalidad para el mundo y para el cine sólo pueden aplicarse a un reducido número de películas que se encuentran en los extremos de un supuesto espectro cinematográfico.

Creo que se trata de una buena imagen para comenzar: imaginemos que colocamos en una única secuencia todas las películas de ficción de la historia del cine y que dicha secuencia responde a un patrón definido en gradación por la universalidad del tema y la idea del cine, como opinaba Truffaut. ¿Qué obtendríamos entonces? En uno de los extremos (se me antoja que el derecho) estarían las películas que hablan de sentimientos e ideas universales, cuyo mérito es que invitan a la reflexión sobre temas y preocupaciones específicamente humanas; en ellas resulta indiferente el tipo de historia que cuentan, los personajes, la época, la trama o la narración, lo que importa es cómo se plantea el conflicto, las posturas que se presentan y las alternativas (si se proponen). Estas películas suelen emplearse para ilustrar debates o la enseñanza de muy diversas materias (filosofía, historia, religión, ética...), pero no para aprender necesariamente sobre cine. El género humano, en función del tema y la profundidad del tratamiento, es el destinatario teórico de todos estos títulos del extremo derecho del espectro cinematográfico.

Sigamos la secuencia y continuemos nuestro desplazamiento hacia la izquierda del espectro cinematográfico: a medida que avanzamos las películas van perdiendo universalidad y ámbito de intervención mientras van ganando en detalles coyunturales, históricos e individuales. Surgen entonces los títulos cuyo propósito es el entretenimiento, cada vez en mayor grado y con mayor eficacia conforme nos acercamos al centro del espectro. En esta zona se encuentran los núcleos duros de los géneros clásicos y mayoritarios, los temas populares, los personajes arquetípicos, las historias básicas, los cineastas comprometidos con el espectáculo en su forma canónica.

Nuestro viaje a través del espectro nos descubre que, una vez superado el centro geométrico y a partir de un punto imposible de determinar, poco a poco se van espaciando los temas recurrentes. Surgen argumentos y variaciones cada vez más audaces, los personajes se vuelven menos estereotipados y adquieren rasgos de individuos, se rompen los rígidos moldes de las tramas; se recombinan y transgreden los géneros, las fronteras entre ellos se hacen difusas. Las historias ya no terminan de la forma a la que nuestro recorrido nos había ido acostumbrando; los temas ya no son necesariamente universales, aunque sigue sin descartarse algún que otro intento de abstracción genérica. Tentativas de retroceso, homenajes, fracasos estrepitosos. El viaje nos adentra casi sin transición en el territorio de las vanguardias estéticas e ideológicas, de los cineastas independientes, de los provocadores, de los híbridos inclasificables, de las rarezas, de las piezas únicas...

Finalmente comenzamos a vislumbrar el otro extremo del espectro, se divisa el otro extremo del territorio cinematográfico y es entonces cuando, en las antípodas de la universalidad, encontramos las películas que plantean cuestiones sobre el cine como expresión artística. Aquí están los títulos con una «idea del cine» que mencionaba Truffaut; aquellos que son importantes para el cine como forma de arte y de comunicación, aunque sigue sin descartarse completamente la posible importancia de lo universal. Primero aparecen los títulos con pequeñas aportaciones, los que por primera vez dieron con un nuevo recurso, luego los que poco a poco los explotaron y por último los que lo manejaron sistemáticamente y le adjudicaron su hueco y significado en el conjunto del código. Y así con todos y cada uno de los elementos del sistema. A continuación están los que modificaron unas normas aparentemente estables, los que rompieron los moldes, los que los volvieron a romper y los que crearon algo con los escombros que quedaron. Finalmente encontramos los que desafiaron y desquiciaron la esencia misma de la cinematografía, los que estuvieron a un paso saltar a otro espectro que ya no es el del cine, aunque en principio todo nos hiciera pensar que el nuevo territorio donde aterrizaron lo era. Ya estamos en otro planeta, necesitamos un nuevo código para interpretar la secuencia que a partir de ahora encontraremos. Lo que hemos aprendido no vale porque ya no estamos en territorio cinematográfico.




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