Michihuerta.com-United 93

United 93
(Paul Greengrass)

 


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El 11 de septiembre de 2001 se cumplió, una vez más, la vieja máxima de que “la realidad siempre supera a la ficción”. No obstante, quizás sería más correcto advertir que la ficción profetizó la llegada de una realidad que incluía imágenes devastadoras y espectaculares que daban cuenta de la destrucción de la metrópoli estadounidense. Nueva York, uno de los escenarios naturales más maravillosos que ha tenido el séptimo arte, ardía de nuevo bajo la atenta mirada de millones de espectadores. Pero en esta ocasión todo era cierto. Los terroristas islámicos habían convertido títulos como Armaggedon o Estado de sitio en preámbulos de una crónica apocalíptica que pasaba a escribirse con el desasosegante pulso de lo real.

En cuanto medio de comunicación de masas que es, el cine ha respondido con agilidad tanto a los acontecimientos históricos de aquel día como al mundo resultante que trajo consigo. De paso, ha vuelto a confirmar el enorme influjo que ejerce en la opinión pública. El estreno de United 93 –película que reconstruye la historia de uno de los aviones secuestrados en aquella mañana de septiembre– ha destapado un aluvión de críticas que no han proliferado con tanto encono en otros ámbitos culturales. La televisión, la música rock, el teatro e incluso el cómic se nutrieron del acontecimiento sin despertar demasiada alarma, circunstancia que no se ha dado cuando el séptimo arte ha vuelto su mirada sobre el 11-S.

La alteración de algunas sensibilidades es otra muestra más de la importancia que tiene el contexto en la creación del texto fílmico que lleva por título United 93. Dirigido por el británico Paul Greengrass, el largometraje abre una nueva fase en el diálogo cine-realidad que demanda la colaboración del entorno para completar su discurso. Su reconstrucción del vuelo de la compañía United Airlines cuyo objetivo criminal frustraron –al menos supuestamente– los pasajeros, y que acabó estrellado en tierras de Pensilvania, supone un eslabón incuestionable para la asimilación del hecho histórico como material dramático para la gran pantalla.

Si el documental de denuncia ya lo había empleado –Fahrenheit 9/11 y Al descubierto: Guerra en Irak son las muestras más nítidas en este sentido– ahora le toca el turno a una dramatización formulada a contracorriente de las convenciones narrativas de la ficción audiovisual, pero que añade un plus a las estrategias puramente documentales. Y en ese segmento se encuentra la parte más interesante de la obra de Greengrass, un realizador familiarizado con la temática terrorista en producciones tan sugestivas como Domingo sangriento –que escribió y dirigió– y Omagh –de la que fue guionista y productor–. De ellas incorpora un sentido bastante equilibrado en la enunciación y un realismo formal muy vigoroso.

No obstante, lo más interesante de United 93 radica en el diálogo que el filme establece entre la realidad y la construcción del relato fílmico. El contexto lo es todo a la hora de asentar las bases de un discurso que interacciona con el imaginario colectivo para completarse. Sólo el conocimiento previo de buena parte de lo sucedido durante aquel “martes negro” de septiembre permite seguir el metraje con una emoción que se gesta a contrapelo de las convenciones narrativas al uso. Así, el espectador activa un proceso de identificación que no se apoya en qué va a ocurrir sino en cómo lo van a contar, experimentando una sensación especialmente turbadora al seguir los hechos desde dentro del avión –y de otros escenarios– y no desde fuera, tal y como había sucedido en la experiencia televisiva.

Por si fuera poco, Greengrass hace gala de un pulso vibrante en el uso de la cámara, testigo implacable de una acción potenciada en su dramatismo por los nerviosos movimientos de la imagen y por la textura áspera que ésta adquiere. Las consecuencias emocionales de un viaje tan particular no pueden ser más intensas dada la naturalidad de los planteamientos formales de la obra, amplificados por la elección de actores desconocidos e incluso de algunos de los protagonistas reales que sufrieron el día de marras en sus propias carnes.

De igual modo, la distribución del punto de vista entre distintos personajes que se mueven por emplazamientos dispares –los terroristas en un hotel, los pasajeros durante el vuelo, los controladores aéreos en sus puestos de trabajo, los mandos militares acuartelados a la espera de órdenes…– agilizan la puesta en escena y rebajan las lecturas ideológicas de un largometraje que prefiere la crónica visual al editorial. Lo cual no quita para que, de forma sutil, se sugiera la lentitud de la reacción gubernamental o se señalen ciertas aristas del conflicto latente, tal y como sucede en la excelente escena en la que suicidas y secuestrados rezan a sus respectivos dioses antes de morir.

A pesar de la polémica que rodeó su estreno, hay que reconocer la audacia de los responsables de una película que, aunque no es majestuosa en lo artístico, recupera la esencia del medio cinematográfico como testigo de los hechos que lo circundan. Por esa razón, no cabe duda de su perdurabilidad para el conocimiento futuro de aquello que sucedió en un pasado en el que la ficción y la realidad volvieron a encontrarse con pasmosa precisión.

publicado en
Cine para leer
(julio-diciembre/2006)

T.O. United 93
P. Paul Greengrass, Lloyd Levin, Tim Bevan, Eric Fellner
G. Paul Greengrass
D. Paul Greengrass
F. Barry Ackroyd
M. John Powell
Mon. Clare Douglas, Christopher Rouse, Richard Pearson
I. Becky London (Jean Peterson), Cheyenne Jackson (Mark Bingham), Chip Zien (Mark Rothenburg), Chloe Sirene (Honor Wainio), Christian Clemenson (Thomas Burnett), Corey Johnson (Louis Nacke), Daniel Sauli (Richard Guadagno), David Alan Basche (Todd Beamer), David Rasche (Donald Greene), Denny Dillon (Colleen Fraser), Erich Redman (Christian Adams)
Dis. UIP
Estreno 23-8-2006
Dur. 91 min