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El último beso
(Gabrielle Muccino)

 


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Hablar de “cine europeo” es, desde luego, toda una entelequia. No hay más que echarle un somero vistazo al caso de El último beso, película italiana que ha arrasado en las taquillas y los premios de su país de origen, uno de esos que algunos llaman de “nuestro entorno”. Ganadora de cinco Donatellos (los goyas italianos), la película dirigida por Gabriele Muccino ha encontrado acomodo en las pantallas españolas con varios años de retraso. Aunque, claro está, siempre podremos consolarnos con que, al menos, ha llegado.

El consuelo es alto dado el interés del largometraje. No es una obra maestra y, quizás, debamos reconocer desde ya que el resultado final queda a un trecho de la ambición estética y narrativa que se percibe en el planteamiento del filme. Pero es una película atractiva, humana y entretenida que se deja ver con sumo agrado. Veamos.

El último beso narra la situación de un grupo de treinteañeros romanos que atraviesan una crisis emocional galopante. El trabajo, la familia, la paternidad o la angustia provocada por la rutina son algunas de las causas de sus males. Sufren el síndrome de Peter Pan, se ven a sí mismos como chavales encerrados en cuerpos adultos y les aterran las responsabilidades de la edad madura. El instinto les empuja a escapar del camino que la vida les traza en una huida física o sentimental.

Muccino plantea su relato con vocación de retablo generacional y desde una estructura coral. La cámara sigue a los personajes, se mueve junto a ellos, los relaciona con constantes entradas y salidas de campo. Se percibe una vocación constante de dinamismo y de movimiento en la planificación, y el realizador sale más que airoso del desafío formal. Aunque, eso sí, la apuesta resulta bastante familiar a poco que uno se acuerde de un par de películas de Paul Thomas Anderson o, sobre todo, del mejor Robert Altman.

Sea como fuere, El último beso plantea algunas cuestiones sustanciosas con suficiente gracia y capacidad de empatía. Muchos de los males de las desquiciadas sociedades del nuevo milenio aparecen en la pantalla con diálogos vibrantes y encarnados por seres bastante reconocibles. Varios resultan demasiado estereotipados, pero otros parecen tan reales como el vecino de al lado.

Porque, al final del metraje, queda una sensación irregular aunque más que satisfactoria. La principal limitación de El último beso radica en su ambición, en algunas subtramas débiles y en una resolución pelín conservadora y discutible. Pero su gran virtud reside en un tono tragicómico, refrescante y cálido que engancha al espectador para retener su interés. O sea, una esas películas de “nuestro entorno” que deberían pasar más rato en nuestras americanizadas carteleras.

 

publicado en
Cine para leer
(julio-diciembre/2004)

T.O. L'ultimo bacio
P. Domenico Procacci
D y G. Gabrielle Muccino
F. Marcello Montarsi
M. Paolo Buonvino
Mon. Claudio Di Mauro
I. Stefano Accorsi (Carlo), Martina Stella (Francesca), Stefania Sandrelli (Anna), Vittorio Amandola (Tío Mimmo), Lina Bernardi (Adele), Giulia Carmignani (Mariposa), Marco Cocci (Alberto), Luigi Diberti (Emilio), Sabrina Impacciatore (Livia)