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Bridges Jones, sobreviviré
(Beeban Kidron)

   


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El engaño publicitario

 


De un tiempo a esta parte, todo es publicidad. Eso no hay quien, estando en su sano juicio, lo discuta. Los mensajes promocionales contaminan el ambiente y es prácticamente imposible huir de ellos. Ahora bien, existen casos especialmente graves, supuestos que consiguen que dejes a un lado la anestesia de la costumbre y que te provocan un cabreo de mucho cuidado.

Lo de Bridget Jones: sobreviviré va en esa frustrante línea. Si ya me pareció incomprensible el éxito de la primera parte, aquella comedia leve que se olvidaba según iban pasando sus inanes fotogramas, ahora las sensaciones negativas se me han multiplicado con furor ético y estético.

Me explico. Bridget Jones: sobreviviré, haciéndose pasar por un largometraje narrativo de ficción, es un monumental anuncio. Anuncio de sí mismo, de sus productos aledaños y de otras marcas que inoculan sus interesados mensajes en la ficción. Sí, sé que no es nada nuevo. Pero pocas veces el engaño se había tomado tan pocas molestias en ocultarse un pelo.

Para empezar, la película no cuenta prácticamente nada. La fondona maniática de la primera parte sigue en su permanente actitud adolescente. Tiene un novio perfecto, se enfadan y se vuelven a juntar. Entre medias, el relato pasea a la protagonista por escenarios lujosos y exóticos. De tal guisa que la Jones llega a Tailandia, donde termina en la cárcel. El ex novio la libera, se reconcilian y happy end de postal.

Pues bien, si la juzgamos como obra cinematográfica, Bridget Jones: sobreviviré es un lastimoso ejemplo de incapacidad narrativa envuelta en un papel visual goloso. El relato es un monumento a la falsedad, a la exageración gratuita y a la redundancia. Durante varios minutos, sus descarados perpetradores nos ofrecen una imagen absolutamente descabellada del sistema penitenciario tailandés que, entre otras majaderías, permite que Bridget coreografíe el Like a virgin de Madonna con sus colegas entrulladas.

La anorexia de la estructura está, además, maquillada por una sucesión de gags que van perdiendo fuelle hasta provocar un terrible empacho. Visto el primero, vistos todos. Bridget es especialista en meter la pata y el esquema casi siempre se apoya en el fuera de campo o en una caída tonta. Recursos de toda la vida que, finalmente, deben responder a situaciones bien construidas. Por otro lado, las situaciones gozosamente cómicas suelen ser consecuencia de una estructura calculadamente medida. Y esta película no tiene ni humor de situación ni estructura ni casi nada destacable.

Por último, las interpretaciones son un monumento a la gesticulación desbordante y vacía. La realización es sumamente intrascendente aunque posee cierto atractivo para atrapar miradas que se dejen fascinar fácilmente. Lo demás es un monumental anuncio con el que te venden refrescos, operadoras de móviles y, sobre todo, el cd de la banda sonora. En una de las últimas secuencias llegan a colar hasta cuatro temas encadenados sin que exista la menor coartada narrativa. En suma, otro ejemplo de cómo pagar una entrada de cine para recibir constantes impactos publicitarios.

 

publicado en
Cine para leer
(julio-diciembre/2004)

Título original Bridget Jones: The Edge of Reason.
Productores Tim Bevan, Eric Fellner, Jonathan Cavendish.
Director Beeban Kidron.
Guionistas Andrew Davies, Hellen Fielding, Richard Curtis, Adam Brooks.
Fotografía Adrian Biddle.
Montaje Greg Hayden.
Reparto Renée Zellweger (Bridget Jones), Colin Firth (Mark Darcy), Hugh Grant (Daniel Cleaver), Jacinta Barret (Rebecca).