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Los Simpson: la película
(David Silverman)

 


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Los Simpson son de lo mejor que le ha pasado al medio televisivo en toda su historia. Puede que suene a exageración, pero espero que sobrevivan como testimonio arqueológico de la civilización dominante cuando ésta se vaya, irremediablemente, al garete. Son un testimonio ejemplar, socarrón, lúcido, luminoso. Pero, sobre todo, la serie en su conjunto es un tratado sobre las posibilidades expresivas de la pequeña pantalla, que si está plagada de estiércol no es por su incapacidad para gestas mayores. En la tele existe, en fin, un antes y un después desde el día en que las criaturas de Matt Groening y James L. Brooks nacieron con sus cuatro dedos y su piel de color amarillo.

Muchos seguidores de la entrañable familia de Springfield andábamos preocupados con su salto a las salas. Los ritmos, las estructuras y las condiciones de recepción son tan diferentes como alto el riesgo de que lo que saliera fuera un capítulo alargado. Y en buena medida así ha sido. Los Simpson: la película sufre serias dolencias de arritmia, bajones provocados por un relato carente de la masa muscular que demanda tanto metraje.

Para empezar, la premisa de la que parte el filme es estupenda para un capítulo de veintidós minutos y anoréxica para noventa de celuloide. Homer vuelve a cagarla y el gobierno aísla su pueblo en una burbuja gigante. Los paisanos intentan lincharle, pero escapa junto a los suyos por los pelos. Y, tras un breve exilio en Alaska, debe regresar para salvar a sus conciudadanos de la aniquilación definitiva.

El resultado es francamente irregular pero, a pesar de todo, conserva un nivel digno. Es tan brutal el talento de Brooks, Groening y su gente para el gag audiovisual que las carcajadas están aseguradas en muchos momentos. Son risas sembradas por aquí y por allá, apoyadas en el conocimiento previo de unos personajes memorables, especialmente ese genio incomprendido que es Homer. Salta a la vista que sólo la pasta gansa justifica el proyecto, pero el nivel humorístico de media docena de escenas son suficientes, tal y como están las cosas, para pensar que te han devuelto el precio de la entrada.

publicado en
Dgratis
(3 de agosto de 2007)