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Ray
(Taylor Hackford)

 


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En una escena de Ray, y a unas alturas muy avanzadas del metraje, un activista por la igualdad racial le pide al músico que no ofrezca el concierto que tenía preparado. Y éste, que no había mostrado ningún tipo de preocupación al respecto en todo el relato, se cae inmediatamente del caballo y tiene un polémico gesto contra el racismo reinante en muchos parajes sureños de los Estados Unidos.

Ese hecho, puesto en escena con una inverosimilitud pasmosa, sintetiza muy certeramente lo que es Ray: una película que quebrante constantemente la continuidad emocional de los personajes, que se desarrolla de forma gratuita, que ignora el sentido del matiz y que sólo busca la glorificación de su protagonista. Lo hace, además, con una pose tan entregada que se hace increíble por pueril.

Nos encontramos, pues, ante un espectáculo típico del peor cine norteamericano. En plena efervescencia del renacido biopic, Taylor Hackford factura un relato que pretende contar la vida y obra de uno de los músicos negros más importantes del siglo XX. Lo hace, además, recordando trágicos sucesos de la infancia que justifican buena parte de los rasgos del creador de la legendaria Georgia on my mind. Y, por supuesto, Hackford sigue la senda de su trayectoria profesional, se detiene en sus constantes devaneos amatorios y refiere sus experiencias con las drogas.

Sin embargo, los hechos más duros del relato se presentan desdramatizados y desprovistos del menor atisbo de hondura. Reconozco, eso sí, la impecable factura visual y sonora de un filme ágilmente montado alrededor de temas que son un regalo para el oído. Pero todo el potencial de Ray se pierde calamitosamente cuando uno atiende a las motivaciones, reacciones y trazos de los personajes, tanto del protagonista como de los secundarios.

Es más, ni siquiera el trabajo de Jamie Foxx me parece tan ejemplar como se ha insistido en propagar. Su trabajo de emulación es irreprochable, sí, pero habría que preguntarse si la interpretación no es un arte que debe aspirar a mucho más que a conseguir parecidos asombrosos. Aunque, probablemente, toda la responsabilidad debería recaer sobre quien perpetró un personaje tan deficitario en términos narrativos.

En suma, que la película resulta molestamente fallida por las mismas razones por las que es tan grande Bird, aquella biografía cinematográficamente ejemplar creada por Clint Eastwood en torno a la figura de Charlie Parker. Una pretende retratar a un genio con cuatro brochazos y vendernos la banda sonora. Y la otra nos invita a disfrutar y sufrir junto al contradictorio ser humano que parió las más hermosas piezas de jazz de la historia. O lo que es igual: manipulación versus autenticidad.

 

publicado en
Cine para leer
(enero-junio/2005)

T.O. Ray
P. Howard Baldwin, Karen Baldwin, Stuart Benjamin y Taylor Hackford
D. Taylor Hackford
G. James L. White
F. Pawel Edelman
M. Craig Armstrong
Mon. Paul Hirsch
I. Jamie Foxx (Ray Charles), Kerry Washington (Della Bea Robinson), Regina King (Margie Hendricks), Clifton Powell (Jeff Brown), Aunjanue Ellis (Mary Ann Fisher), Harry Lennix (Joe Adams), Lorenz Tate (Quincy Jones), Terrence Dashon Howard (Gossie McKee), Bokeem Woodbine (David “Fathead” Newman), Curtis Armstrong (Ahmet Ertegum)
Dis. UIP