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Osama
(Siddiq Barmak)

   


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Testimonio y tedio

 


Existe un cierto tipo de cine de procedencia exótica que es pura carne de festival con ínfulas intelectuales. Un suponer: coproducción afgano-japonesa-irlandesa; Semana Internacional de Cine de Valladolid; director afgano perseguido por los ortodoxos talibanes; película de denuncia contra un régimen opresivo que se ceba especialmente con las mujeres. Elementos que, sumados todos ellos y convenientemente agitados, terminan por arrojar una Espiga de Oro y la entrega unánime de una crítica muy concienciada.

La reflexión da para mucho. Es digna de aplauso la lucha encorajinada de artistas que padecen la persecución, que se niegan a perder su legítimo derecho a expresarse, que se agarran con todas sus fuerzas a una vocación artística para sobrevivir. No hay duda. Mal van las cosas en el mundo político internacional y casi peor en el imperio audiovisual made in America . Y los festivales cumplen sin duda con su misión abriendo sus puertas a discursos que, en caso contrario, no encontrarían el necesario altavoz para hacerse escuchar.

Ahora bien, media un importante trecho entre la acogida natural y la entrega fanática a este tipo de producciones. La denuncia es necesaria. El testimonio es imprescindible. Pero las intenciones no son un valor absoluto en el campo del arte. El cine debe ser inteligencia, valor y libertad. Pero también emoción, empatía y vivencia. Al menos el cine que defiende este cronista.

Osama responde punto por punto a los perfiles enunciados. Es la primera película rodada en tierras afganas tras la ¿caída? de los enloquecidos talibanes. Su director y guionista, el perseguido Siddiq Barmak, narra la injusta situación de una niña que se hace pasar por un chico para ayudar a su familia. Como todas son mujeres en el hogar y el régimen las obliga a ir acompañadas de un varón, la niña adopta el nombre de Osama y se pone a trabajar. Finalmente es descubierta y sometida a todo tipo de humillaciones.

La película tiene todo lo bueno y lo malo de una producción de semejante naturaleza. Es valiente, encara una cuestión grave, invita a la reflexión, adopta un lenguaje directo con poso poético, propone varias imágenes de indiscutible belleza. Pero, al mismo tiempo, se excede en la parsimonia, se ensimisma, contiene numerosas redundancias, tiene un desarrollo a trompicones, resulta demasiado densa a pesar de su corto metraje.

Todo lo expuesto se resume en una curiosa anécdota: un crítico sentado junto al autor de estas líneas durmió plácidamente durante buena parte de la proyección en el pase de prensa de la Seminci pucelana. Concluida la función, aplaudió de forma entusiasta y días después recibió de muy buen grado el premio concedido. Todavía ignoro si aplaudía a la denuncia radical de Siddiq Barmak o al somnífero que le había curado un grave problema de insomnio. Cualquiera sabe.

 

publicado en
Cine para leer
(julio-diciembre/2003)

Producción Barmak Film, NHK, LeBrocquy Fraser.
Guión y dirección
Siddiq Barmak.
Fotografía
Ebrahim Ghafuri. Música Mohammad Reza Darwishi.
Montaje
Siddiq Barmak. Intérpretes Marina Golbahari, Khawaja Nader, Arif Herati, Zubaida Sahar, Hamida Refar, Gol Rahman Ghorbandi.
Duración
82 minutos. Distribución Alta Classics.