A la búsqueda de un reconocimiento artístico que se le resiste, la megaestrella española Penélope Cruz viajó a tierras italianas para encarnar a uno de esos personajes que se prestan a premios y alabanzas. Estigmatizada por la purpurina y el oropel de Hollywood, la actriz se transforma en una chica demacrada y destruida, rota por la soledad y la desesperanza, ardid que suele funcionar cuando el intérprete busca prestigio. De este modo, y conseguido parte del objetivo, No te muevas ha llegado a España envuelta en un seductor halo que, quizás, deja un regusto a decepción dada la altura de las expectativas creadas.
Desde luego que esta historia escrita, dirigida y co-protagonizada por Sergio Castellitto tiene su interés. Articulada en un rompecabezas narrativo que juega con dos tiempos en el relato, No te muevas plantea la angustia existencial de un padre cuya hija agoniza tras un accidente de tráfico. Las horas de espera le empujan a evocar un pasado que gira en torno a Italia, la desamparada joven con la que mantiene una tórrida historia de amor.
La culpa, el remordimiento, la injusticia, la cobardía, el engaño, la destrucción o los amoríos imposibles son algunos de los convencionales temas que toca un drama que, pese a la sobriedad de la puesta en escena, padece algunos lastres. El más importante, sin duda, es su frialdad. En mi opinión, la película no termina de calar y permanece siempre a prudente distancia de las vísceras del espectador. Le falta brío, vigor, temperamento. Castellitto lo intenta sin desmayo, plaga el metraje de músicas emotivas, introduce escenas cargadas de intenso voltaje sentimental. Pero ni con esas.
Por otro lado, los galardones que ha recibido No te muevas han beneficiado, sobre todo, a las interpretaciones de Sergio Castellitto y de Penélope Cruz. Para este desconcertado cronista, sin embargo, el mayor mérito recae sobre Claudia Gerini. Los dos primeros hacen un trabajo eficaz con un material muy agradecido. Pero la tercera borda con sutileza un personaje menos populista y contagia más con medios más invisibles.
En suma: película suficiente que, sin embargo, se queda en menos de lo esperado. Irregular, con hallazgos interesantes y redundancias que traban el normal fluir del discurso. Madura, pero incapaz de agitar las entrañas de quien la mira. Y, por cierto, doblada criminalmente para desesperación de quien, como es el caso, vive en una España de segunda división sin acceso a la versión original.