Algunos cineastas se han ganado el derecho a que su obra lleve una etiqueta de “denominación de origen”. Scorsese es uno de los pocos que nos quedan vivos por su condición de maestro imprescindible desde que en los setenta se convirtiera en uno de los asaltantes del reino de Hollywood. Ha llovido mucho desde Taxi Driver y Toro salvaje, incluso desde Uno de los nuestros. El cine estadounidense también se ha transformado en demasía y no precisamente para bien. Y ni Martin ni Woody ni Francis, por señalar tres casos emblemáticos, pueden librarse del todo de la suciedad de un medio ambiente industrial francamente contaminado.
Tras la decepción que para muchos supuso El aviador, Scorsese vuelve al territorio criminal, aunque cambia la familiar Nueva York por Boston. Allí sitúa una historia que viene de un filme de Hong Kong, Infernal affairs, que partía de la premisa de dos agentes infiltrados, respectivamente, en la policía y en una organización mafiosa. Cada uno de ellos persigue al otro desde un bando que no es el suyo, idea bastante fértil tanto por su potencial de intriga como por los conflictos de identidad que detona.
Lamentablemente, la réplica no llega a la altura, tampoco sobrenatural, del original. En la producción asiática se abría una puerta muy sugerente a una suerte de síndrome de Estocolmo que sufrían los respectivos protagonistas, lo que implicaba un baño de profundidad que se ennegrecía, todavía más, en el desenlace.
Sin embargo, a Scorsese le interesan más otros puntales que se me antojan más epidérmicos. En mi discutible opinión, Infiltrados va de más a menos: su primer tramo recupera las excelencias en la planificación y en el montaje de tiempos pretéritos, un sentido del dinamismo virtuoso y sabiamente coloreado por la banda sonora. Pero, poco a poco, el tono se va haciendo más conservador y contenido sin que ello suponga una mejora en los conflictos internos del relato. Y, al final, se te queda un cuerpo reconfortado aunque no del todo convencido porque la cosa podría haber llegado bastante más lejos.