Michihuerta.com-El ilusionista

El ilusionista
(Neil Burger)

 


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Por alguna de esas peregrinas razones que mueven los hilos de la industria del entretenimiento, dos producciones de temática similar ven la luz casi al mismo tiempo. De este modo, y con escaso tiempo de diferencia, tanto El ilusionista como El truco final, el prestigio llenan de magia la pantalla grande, al menos en lo que a la faceta argumental se refiere. No es la primera –ni será la última– vez en la que se da una coincidencia tan sospechosa, aunque sería de agradecer que los resultados expresivos de la operación resultaran mucho más fructíferos.

Y eso que el lenguaje cinematográfico, dada su peculiar naturaleza, se ajusta como un guante a la utilización de un marco temático como el que la magia propone. Fruto de una ilusión óptica, las imágenes en movimiento no son más que el resultado de un truco que fabrica el cerebro del espectador. Por esa razón, los primeros escarceos de la tecnología cinematográfica –incluyendo toda su pretecnología– se desarrollaron en barracas de feria que proponían sus deslumbrantes hallazgos como si tuvieran un origen mágico.

Además, la acción de El ilusionista se ubica en el final del siglo XIX, momento en el que el cinematógrafo nacía a la vida. Concretamente, lo hace en la ciudad de Viena, donde el mago Eisenheim (Edward Norton) es arrestado por orden del príncipe Leopold (Rufus Sewell). Entre los dos se ha gestado una enemistad que tiene como causa principal la historia de amor clandestino que el primero vive con la prometida del segundo, una joven aristócrata de origen húngaro a la que el heredero pretende utilizar para colmar sus ambiciones políticas.

Intrigas, espectáculos y romances imposibles: esos son los ingredientes principales que el director y guionista Neil Burger sirve a su público. Para desarrollar su propuesta se apoya en una narración no lineal motivada por el repaso que el inspector Uhl (Paul Giamatti) hace del caso de presunto asesinato sufrido por la protagonista. La estrategia estructural le resulta sumamente útil a la hora de exhibirse como un infatigable manipulador que dispone trucos inadmisibles por su ventajismo y por la escasa consideración que demuestran hacia la inteligencia de quien mira.

Así, no sólo se deslizan por la narración hechos evocados por un narrador que debería desconocerlos sino que, en un ejercicio mucho más grave, Burger hace evidente sólo aquello que le interesa en función de sus desafíos como autor. De este modo, el marco establecido al comienzo –el eterno juego de dudas en torno a lo sobrenatural y lo racional– después se quiebra intermitentemente para desvelar algunas de las artimañas del mago, curiosamente aquellas que le son indispensables para conseguir que la acción avance y que el relato quede rematado. Un remate, por cierto, efectista y supuestamente sorprendente para un espectador que, a poco entrenado que esté, espera el gesto postrero como quien sabe que al fin de semana siempre le sigue un lunes.

El resultado narrativo no puede ser más decepcionante dada la abundancia de ases que el guionista se saca de la manga al menor obstáculo. Con todo, hay que reconocerle la funcionalidad de una correcta puesta en escena que construye la personalidad visual del filme, interesante en detalles como la abigarrada decoración de las paredes del palacio del príncipe –llenas de trofeos de caza– y la reconstrucción de una Viena que entra ligera por los ojos. Y así es como se levanta un conjunto que se desliza por los ojos con una elegancia a la que también contribuye, y de forma notable, la partitura creada por el siempre sugerente Philip Glass.

Pero, en cualquier caso, las discretas virtudes de El ilusionista apenas mitigan el enojo ante los tremendos costurones con que se cosen las principales aristas de su relato. Tampoco es que ayude demasiado el trabajo interpretativo de un Edward Norton que parece profundamente desganado, ni de Jessica Biel, una amante bastante insustancial. Sólo Paul Giamatti y Rufus Sewell le insuflan algo de aire a una obra en la que tanto la historia de amor imposible como las cuitas palaciegas y criminales aparecen subyugadas a los trucos baratos e inanes de Burger, que se revela como un truhán con muy poca gracia.

publicado en
Cine para leer
(julio-diciembre/2006)

T.O. The Illusionist
P. Michael London, Brian Koppelman, David Levien, Bob Yari y Cathy Schulman
G. Neil Burger, basado en el relato Eisenheim: The Illusionist, de Steven Millhauser
D. Neil Burger
F. Dick Pope
M. Philip Glass
Mon. Naomi Geraghty
I. Edward Norton (Eisenheim), Paul Giamatti (inspector Uhl), Jessica Biel (Sophie von Teschen), Rufus Sewell (príncipe Leopold), Eddie Marsan (Josef Fischer), Jake Wood (Jurka), Tom Fisher (Wiligut), Karl Johnson (doctor)
Dis. Aurum Producciones
Estreno 17-11-2006
Dur. 110 min