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Una serie de catastróficas desdichas
de Lemony Snicket

(Brad Silberling)

 


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Catastrófico cine infantil
 


Típico producto de estreno navideño que compite por el rentable espectador infantil. Inspirada en las exitosas obras de Lemony Snicket –a lo que parece, otro autor que se está beneficiando de las nuevas modas de la literatura para niños– Una serie de catastróficas desdichas propone otro de esos universos oscuros, plagados de misterios y de peligros, pero en los que siempre emergen como valores triunfantes la imaginación, la solidaridad y el amor fraternal. Nada nuevo bajo el sol, me temo.

Aquí nos topamos con tres niños que disfrutan de la armonía familiar y que se quedan huérfanos tras perecer sus padres en un terrible incendio. La tutela de los críos pasa a manos del Conde Olaf, un siniestro actor de teatro que intenta eliminar a los niños para hacerse con su acaudalada herencia. De tal modo que, tras el primer intento de asesinato, los chavales inician un peregrinaje en el que se encuentran con excéntricos familiares que, poco a poco, van muriendo por culpa del pérfido Olaf.

La narración se presenta en forma de sucesivos relatos breves cosidos por la voz en off del propio Lemony Snicket –aunque sólo en sentido figurado, ya que en la versión original la interpreta, si no me equivoco, Jude Law–-, dueño y señor absoluto de la lógica de la ficción y gran beneficiario de lo que se adivina como una estupenda operación mercantil.

Los pasajes en los que Snicket se erige en el centro de atención de un discurso metalingüístico resultan curiosos, no tanto por ser el narrador de la fábula como por la ironía y la profundidad con la que se maneja en algunas de sus peroratas. Pero poco más se puede destacar de Una serie de catastróficas desdichas, película que promete en su arranque mucho más de lo que ofrece, ejemplo de cine irregular y descuidado, que deposita excesiva confianza en algunos componentes del discurso fílmico.

Por ejemplo, la puesta en escena. Es preciosista y sugerente, posee un tono grisáceo y onírico que remite a las intensas pesadillas infantiles. Impecable la factura, hermosos algunos de los escenarios, irreprochable la personalidad visual. Pero de poco sirve la seducción iconográfica cuando opera en el vacío narrativo. Y es que el relato es episódico, reiterativo, torpe y tosco en demasiados intervalos. Se deshincha poco a poco, y termina sumiendo al espectador –por muy niño que sea– en el tedio. La historia es muy ñoña para el público adulto y muy plana para el infantil.

Otro instrumento sobrevalorado en el filme es el interpretativo. Por ahí emerge, en primer lugar, la histriónica figura del casi siempre insoportable Jim Carrey, feliz por el libertinaje de los excesos gestuales que el personaje le permite. Si usted, amable lector, no soporta al Carrey más desatado, ahórrese lo que a buen seguro se convertirá en una tortura. Tortura acompañada, además, por la equivocada convicción de que un estupendo envoltorio, una estrella tan estúpidamente carismática y una acumulación de buenas intenciones es suficiente para hacer una película de éxito entre la muchachada y sus padres. Pues nada de eso. Hace falta más imaginación, más criterio y más capacidad de seducción. Si no, el resultado artístico será ciertamente catastrófico.

 

publicado en
Cine para leer
(julio-diciembre/2004)

T.O. Lemony Snicket's. A Series of Unfortunate Events
P. Albie Hecht, Laurie MacDonald, Walter F. Parkes, Julia Pistor
G. Robert Gordon, basado en las novelas de Lemony Snicket
D. Brad Silberling
F. Emmanuel Lubezki
M. Thomas Newman
I. Jim Carrey (Conde Olaf), Meryl Streep (Tía Josephine), Emily Browning (Violet Beaudelaire), Liam Aiken (Klaus Beaudelaire), Timothy Spall (Sr. Poe), Catherine O'Hara (Jueza Strauss).
Dis. UIP