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Alatriste
(Agustín Díaz Yanes)

 


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Insípido gazpacho
 


Al igual que Alatriste a la España del siglo XVII, contemplo hastiado y con resignación la decrepitud de nuestro cine, ese juguete roto que revela su incapacidad a cada envite de cierta enjundia. Este proyecto, el más caro de la historia del celuloide patrio, era un desafío, un órdago a la grande con excelentes cartas de mano. Ni con esas. Un precedente literario muy adaptable a la pantalla, todos los medios imaginables y un director con criterio no han sido suficientes, ni de lejos, para responder con una obra que supusiera un empujón para el titubeante panorama nacional.

Las expectativas, inmensas, se han ido al carajo. Muchos esperábamos una película de aventuras con poso, oscura y apasionante, cargada de épica, amargura y acción. Ninguno de esos ingredientes se aprecia en la textura de este gazpacho revenido que es Alatriste. El plato se ha revelado indigesto.

Las causas son principalmente narrativas. Empeñados en volcar retazos de toda la saga literaria de Pérez Reverte, los responsables del proyecto han optado por la composición de una especie de fresco histórico cosido con viñetas aisladas que carecen, casi completamente, de sentido. No hay trama, ni relato, ni historia en un filme que prescinde de la continuidad para poner el acento en el telón de fondo de la decadencia de la potencia española causada por el poder establecido.

Pero la apuesta ha resultado funesta. Las novelas de Reverte demostraban que los dos perfiles, el de la progresión dramática y el del discurso ideológico, no sólo eran complementarios sino que se necesitaban mutuamente. A la desaparición de uno de ellos hay que sumarle otras deficiencias: el acento de Viggo Mortensen, la carencia de humor y de ironía, el déficit de vigor visual en varias escenas, un montaje impotente en los pasajes más pausados… En suma, una decepción amarga que habla a las claras de una cinematografía enferma e incapaz que se relame cuando se contempla en el espejo pero que es un remedo de esa España miserable –aunque pagada de sí misma– que puebla Diego Alatriste en las páginas impresas.

publicado en
Dgratis
(15 de septiembre de 2006)