La
puesta en ofidios
La máxima aspiración de cualquier persona que destina parte de su tiempo
al cuidado de animales, es conseguir su reproducción. La puesta, es sin
lugar a dudas, uno de los momentos que mejor recompensan los esfuerzos.
Su logro es significativo de salud y bienestar de los animales, y para
conseguirlo, es importante estar bien preparado, y poseer información
respecto los requisitos ambientales de la especie.
El
entorno
En
primer lugar deberemos conocer el período de apareamiento de la especie,
así comprenderemos el comportamiento de ambos reproductores en determinadas
circunstancias. Dicho período depende de las características estacionales
del área de distribución de las especies. Estas habrán optado por la estrategia
reproductiva más favorable en su entorno natural.
Por
lo tanto en cautividad, intentaremos reproducir tales características
artificialmente, con tal de motivar a los animales, ya que en general,
se tiende a estandarizar y a ofrecer unas condiciones monótonas y poco
estimulantes.
Es
importante tener en cuenta que en cualquier ambiente natural existen unas
variaciones diarias y estacionales en cuanto a temperatura y humedad e
insolación, que son precisamente los parámetros que rigen los períodos
reproductivos.
Aunque
no se conocen con claridad los parámetros ambientales, que determinan
el celo en especies tropicales, parece ser, que los machos presentan períodos
naturales de mayor actividad, en los cuales cortejan a las hembras (Fitch,1982).
De esta forma, aún cuando las hembras de ofidios poseen la capacidad de
retener esperma viable, y retardar su fecundación (Schuett,1982), muestran
claros períodos de celo. En algunos casos, por ejemplo, se produce transcurrida
la mayor parte de la etapa fría dentro de la estación seca, y en otros
durante el período más frío de dicha estación (Lazlo,1979).
Es
importante mantener en la medida de lo posible diferencias noche\día,
junto con tendencias estacionales pertinentes a cada especie.
En
cuanto a especies de regiones templadas, la hibernación representa un
estimulo importante, y parece facultar una mayor fertilidad. Los animales
privados de ella no se muestran igualmente activos durante el período
reproductor. Ya en 1983 Bona-Galo y Licht demostraron la importancia de
periodos fríos y/o oscuros (invierno) seguidos de cálidos (primavera),
para una correcta vitelogénesis (maduración de los folículos gonadales),
en T. sirtalis.
La
temperatura representa el estimulo fundamental desencadenante del apareamiento,
mientras que el fotoperíodo mantiene un segundo plano (Aleksiuk and Gregory,1974).
Requisitos
Por
supuesto, los animales deben estar sanos y en plena forma, y resulta de
vital importancia el estado de la hembra.
Existen
cuatro puntos sumamente importantes a tener en cuenta durante la reproducción:
estrés; salud; alimentación e hidratación.
El
estrés es una patología nerviosa que pueden sufrir con facilidad los reptiles.
Puede estar inducido por multitud de factores: condiciones ambientales
inadecuadas; superpoblación; ambientación incorrecta del terrario; manipulación
excesiva; humo;... Un animal estresado se mostrara reproductivamente activo
con dificultad.
Es
importante que los animales dispongan de refugios que les hagan sentir
cómodos.
En
cuanto a la alimentación, se observan a las hembras notablemente más voraces
durante la ovulación. Al salir de hibernación, es importante que las hembras
ganen peso de una manera gradual, pues será garantía de una buena puesta.
Un tiempo antes de la puesta dejaran de alimentarse, y el esfuerzo total
invertido, les hará perder gran parte de sus reservas.
Contrariamente, los machos se muestran mucho menos hambrientos, incluso
dejan de alimentarse.
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Su comportamiento sexual responde a feromonas liberadas por las
hembras (Nilson,1981). En tales circunstancias se muestran excitados,
y en el caso de machos extremadamente agresivos, puede ser necesario
separarlos.
La
cópula puede durar minutos u horas, y repetirse durante días. Los
machos intentan inmovilizar y estimular a la vez, a las hembras,
mediante roces continuos. Seguidamente entrelazan sus colas para
juntar las cloacas. La transmisión de gametos, se produce internamente,
mediante uno de los hemipenes. Algunos machos (sobretodo de Lampropeltis),
muerden cuello y cabeza de la hembra durante la cópula, y pueden
provocar heridas superficiales. Según Gillingham (1974), este comportamiento
podría estimular tanto al macho como la hembra, durante la copula.
A veces es necesario separar
al macho cuando creemos que la hembra ya esta fecundada, para
evitarle posibles lesiones.
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Una
vez la hembra ha quedado fecundada, los huevos maduran en su interior
hasta el momento de la puesta, proceso durante el cual es importante tranquilidad
y manipulación mínima. Su ingesta disminuye bruscamente hasta el ayuno.
Todo lo contrario con el consumo hídrico, pues para una correcta formación
de los huevos, la hembra necesita ingerir gran cantidad de agua.
La
muda suele aparecer durante esta este período, aunque no implica la puesta
inminente, pueden transcurrir desde semanas a más de dos meses desde la
copula a la puesta.
Se
aprecia también un desinterés de los machos respeto las hembras en este
período, durante el cual normalmente reanudan su alimentación.
En
especies ovovivíparas, el período de gestación es mucho más largo y complejo,
pues la evolución de los embriones se produce en el interior de la hembra.
De igual manera se observa un ayuno previo al parto y una mayor ingestión
hídrica.
El
nido
La
decoración del terrario debe facilitar la puesta en la medida de lo posible,
las hembras cargadas de huevos, buscan un lugar indicado y se vuelven
apáticas, y un tanto torpes, con lo cual es mejor ofrecer facilidades.
En caso de no encontrar un sitio adecuado pueden retrasar la puesta un
tiempo innecesario.

| Hay
que ofrecer a la hembra, un substrato en el cual se sienta segura
y cómoda. Prefieren lugares ocultos, oscuros, y con cierta humedad.
Se
puede utilizar turba, fibra vegetal, musgo, vermiculita,..., siempre
materiales mullidos, que retengan un grado de humedad, y en los
que la hembra pueda hundirse fácilmente para ocultarse.
Resulta
práctico utilizar algún tipo de caja o cubeta, llena de dichos materiales
e introducirla en el terrario. El grado de humedad en los materiales
utilizados como nido, evitará la rápida deshidratación de los huevos
una vez puestos.
Si
el ambiente es excesivamente seco, pueden quedar pegados en superficies
como plástico, cristal o madera, y deteriorarse rápidamente.
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La
puesta
Es
aconsejable aislar la hembra para la puesta, pues el constante desplazamiento
de otros animales puede incomodarla, y en el peor de los casos incluso
descubriremos depredación de los huevos por otros congéneres. Una vez
finalizada la postura, es aconsejable retirar los huevos cuando antes,
e introducirlos en una incubadora.
La
evolución embrionaria en reptiles se inicia desde el momento de la puesta
(en aves hasta que la hembra no empieza a incubar), con lo cual la manipulación
de los huevos transcurridos escasos días, conlleva riesgos para la viabilidad
embrionaria (se sabe que los embriones de reptiles son extremadamente
sensibles a vibraciones y cambios de posición en estadios precoces del
desarrollo).
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La hembra acostumbra a permanecer alrededor de los huevos, en actitud
más o menos defensiva, de tal manera que con frecuencia, resulta
difícil la extracción de los mismos. Con
frecuencia los huevos aparecen pegados entre sí, es mejor no intentar
separarlos, a no ser que sea imprescindible, pues su manipulación
es delicada.
El
tamaño de la puesta, así como las dimensiones del huevo, son características
de cada especie, aunque se puede presentar variedad intraespecífica.
Los individuos jóvenes son por regla general menos prolíficos que
los maduros, la primera puesta suele ser pequeña, irregular en cuanto
a morfología del huevo, y frecuentemente infértil. Aún así muchos
colúbridos pueden reproducirse a los 18-20 meses.
Los
huevos deben observarse homogéneos, en cuanto a forma, tamaño y
cobertura. En ocasiones se pueden observar tamaños reducidos o exagerados,
pero no nacerán individuos más grandes de huevos sobredimensionados.
Su
cobertura cálcica es de aspecto apergaminado y deformable, y su
aspecto debe ser turgente, si se aprecia flacidez, puede significar
principio de deshidratación.
De
color blancuzco o lechoso recién puestos, pasados unos días en incubación,
los huevos fértiles se tornan de un bonito blanco, al tiempo que
recuperan su turgencia.
En
especies ovíparas que incuban los huevos (pitones), siempre existe
la duda ante la incubación natural o artificial. En el caso de grandes
animales la extracción de los huevos resulta un tanto peligrosa
tanto para el cuidador como para la integridad de los huevos, pues
el animal puede aplastar los huevos fácilmente, cuando se presta
en su defensa.
Cuando las condiciones de temperatura y humedad dentro del terrario,
son las adecuadas, y la salud del animal lo permita, podemos arriesgarnos
a una incubación natural. Las pitones se muestran como autenticas
madrazas, pues aún siendo animales ectotérmos, aumentan sensiblemente
la temperatura de su cuerpo mediante esfuerzos musculares. Con tal
acción mantienen la puesta a una temperatura sensiblemente superior
a la ambiental, hasta 7ºC más, en P. molurus (Mierop and
Barnard,1976). Consiguen incubar los huevos con un coste energético
inmenso.
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En
especies ovovivíparas (boas, vipéridos, crotálidos y algunos colúbridos),
la gestación es mucho más larga, y los cuidados con los que atendamos
a la hembra, repercutirán en el desarrollo de los embriones.
Pueden
aparecer abortos si las condiciones no son adecuadas.
Después
del parto, las hembras aparecen desnutridas y voraces, hay que seguir
atentamente su recuperación.
Muchas
especies, sobretodo colúbridos, muestran dos o más posturas a lo largo
del período de cría, y aunque un estrés reproductor puede afectar la longevidad
del animal, las puestas adicionales no entrañan riesgos de salud si las
hembras se recuperan correctamente entre ellas. No obstante es desaconsejable
en animales juveniles, o cuando la última puesta precede con excesiva
brevedad al inicio de la hibernación.
Con
frecuencia las segundas puestas son prematuras, y los huevos tienen un
aspecto gelatinoso o parecido al ámbar; son de un número reducido de huevos
y de geometría irregular (muy alargados, pequeños, de escasa cobertura,...).
El porcentaje de infértiles en estas puestas suele ser elevado.
En
especies que incuban los huevos, al igual que ovovivíparas, debido al
tiempo y esfuerzo requerido en la puesta, difícilmente se obtienen
segundas en el mismo año.
Bibliografia
·
Aleksiuk, M. And gregory, P.T. 1974. Regulation of
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1974: 681-689.
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and ovarian recrudescence in the garter snake, Thamnophis sirtalis
parietalis,
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Gillingham,J.C. 1974. Reproductive behavior of the western fox snake,
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·
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Zoo Yearb. 19: 22-27.
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529 pp. Mc. Graw-Hill Publishing Company.
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